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Irán: preocupación en próxima Cumbre de la Tierra en Río
Mahmud Ahmadineyad
Varios países que participarán de la cumbre carioca, en especial Estados Unidos e Israel, intentarán evitar a toda costa que el presidente iraní obtenga las «photo ops» (oportunidades para sacarse fotos) que lo legitimarían al menos en el frente interno.
Esta cumbre se hace, además, pocos días antes de que entren en vigencia las sanciones aplicadas a Irán por la Unión Europea en enero, que consisten básicamente en dejar de comprarle petróleo. La preocupación por la hipotética suba del precio del crudo que podría provocar este congelamiento de las exportaciones iraníes parece estar sobrecompensada por el temor que provoca el avance nuclear del régimen de los ayatolas: según estimaciones de inteligencia que manejan los europeos y los estadounidenses, Irán habría recorrido un 90% del camino en las tres áreas que conducen a la fabricación de un arma nuclear.
Esos tres pasos son la obtención del material, la conversión de ese material en explosivo nuclear («weaponization») y la obtención del vector para hacerla llegar a destino.
Se sabe que las centrifugadoras iraníes ya tienen capacidad de enriquecer el uranio hasta un 38% de concentración; para hacer un arma hace falta uranio al 90%; sin embargo, lo difícil es pasar de 0 a 38, aseguran los expertos; el resto del camino es sencillo. Lo mismo sucede con el misil: Irán ha experimentado con éxito el Shehab III, con un alcance de 1.500 km, suficiente para ser una amenaza para todos los países de Medio Oriente. Sin embargo, lo que preocupó a países que tradicionalmente se mostraron contrarios a sancionar a Teherán, como Rusia y China, son los intentos de obtener misiles de alcance mucho mayor.
Es que, pese a las promesas iraníes de que esos misiles no serán cargados con ojivas nucleares, el costo anual de mantener un sitio misilístico ronda los u$s 1.000 millones, y nadie cree en el planeta (a la vista de las crecientes dificultades económicas de Irán) que destine ese monto a una fábrica y lanzadera de misiles «convencionales».
La gran duda que enfrenta hoy la comunidad de inteligencia internacional es si Irán dio «el cuarto paso», o sea, si los ayatolas que lo gobiernan decidieron avanzar en la construcción de una bomba nuclear. La naturaleza secreta de las decisiones del régimen iraní hace difícil saber si consideran suficiente como elemento disuasorio frente a sus vecinos la sola amenaza de tener un arma atómica, o si ha dado el paso siguiente.
Interrogante
¿Qué hará la Argentina frente a la presencia de Ahmadineyad en Río? Hasta ahora, la política oficial ha sido acoplarse a las sanciones generales tomadas por la ONU, pero cuidarse de aplicar sanciones bilaterales, pese a que la Justicia argentina dictaminó la culpabilidad de funcionarios (pasados y actuales) de Irán en el atentado contra la AMIA. Es un hecho que el comercio entre ambas naciones pasa por una etapa floreciente, y no parece probable que se renuncie a las compras iraníes en un momento en que el Gobierno atraviesa obvias dificultades en su balanza de pagos. Hasta ahora es una incógnita cuál será la postura argentina cuando Ahmadineyad busque «photo ops» y cuando ocupe el púlpito de los oradores.
¿Se repetirá lo hecho por el embajador Jorge Argüello en la última asamblea de la ONU, cuando ocupó su escaño y escuchó todo el discurso del presidente iraní, o lo hecho en asambleas anteriores, en las que la delegación argentina abandonaba la sala cuando subía Ahmadineyad a hablar?
La acción de la diplomacia estadounidense -y, en menor medida, la israelí- apunta a profundizar el aislamiento y el efecto de las sanciones, justamente como único método (según la visión de Barack Obama) de no tener que recurrir a la opción militar. Es de esperar entonces que esas presiones se multipliquen en ocasión del «Earth Summit», de cara a la cercanía en el tiempo y en la tecnología de la amenaza nuclear iraní.
Sergio Dattilo


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