13 de julio 2010 - 00:00

Italia, el país de las prohibiciones

Italia - Se acabó el comer helado en la calle en la localidad occidental siciliana de Trapani. En la veneciana Eraclea está prohibido hacer hoyos en la playa o construir castillos de arena. En la propia ciudad de los canales y en Lucca, en Toscana, hay una multa de hasta 500 euros para quien dé comida a las palomas. Y en la famosa isla turística de Capri no se puede salir a la calle con sandalias de suela de madera por su tableteo. ¡Bienvenidos a Italia, que amenaza con convertirse en el país con algunas de las prohibiciones más incomprensibles!

Cada año los alcaldes parecen idear con placer cómo llenar las arcas municipales y mostrarse como guardianes del orden. La montaña de prohibiciones ya incluye más de 150 «disposiciones locales». Y obviamente afecta especialmente a los turistas en las playas y callejuelas de las pintorescas ciudades de Italia. Los visitantes enfrentan prohibiciones y multas sobre todo en las localidades del norte, en las cuales quiere imponer el orden la agrupación populista de derecha Liga del Norte.

Y no sólo allí: en Eboli, en Campania, se multa con 500 euros a las parejas que se besen en un auto. Por inspiración norteamericana, en Is Aruttas, Cerdeña, desterraron el fumar en público. Y también en Roma es mal visto comer el pan en la calle.

En Lerici, Liguria, nadie puede caminar por la calle en traje de baño o colgar toallas mojadas en su balcón. En Pordenone, en el noreste de Italia, multan a las parejas que se pelean en público. Y en San Remo está prohibido hablar con prostitutas.

Es verdad que no hay que llevar necesariamente a perros y gatos a la cancha, eso se entiende. Tampoco es preciso estimular que las palomas se conviertan en plaga. Sin embargo, en la playa Dante, en la zona de Ravenna, parece estar prohibido casi todo, según la periodista Flavia Amabile: «Nada de música fuerte entre 13 y 16, ni volantes publicitarios; prohibido tomar sol en topless y en los primeros 200 metros del Lido se puede caminar, pero no tirarse en la arena».

Ya nadie podrá llegar desprevenido y simplemente tirarse bajo el sol italiano. Aunque frecuentemente no está claro qué cosa sigue estando permitida, no es posible confiar en la conocida laxitud italiana. En Venecia las multas son frecuentes, en Brescia una mujer de 54 años tuvo que pagar 100 euros porque en una plaza se sentó en los escalones de un monumento histórico. ¡Estaba prohibido! Y en la localidad lombarda de Gallarate un joven tuvo que pagar 500 euros por caminar de medianoche con una cerveza en la mano por el centro de la ciudad.

Agencia DPA

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