"Hubo muchas veces cuando estaba viendo la película en las que pensé 'tenía que haber puesto eso en el libro', más que pensar que en la película faltaba algo de la novela", explica Green. "Ciudades de papel" es un libro que se publicó en 2008, cuatro años antes de "Bajo la misma estrella", pero fue el éxito de la adaptación cinematográfica de ésta el que ha propiciado que se llevara al cine el otro libro de Green.
Es otra historia sobre la adolescencia y las primeras veces, que es el universo en el que se mueve el escritor. "Me gusta escribir sobre adolescentes porque hacen tantas cosas importantes por primera vez, se enamoran por primera vez, intentan averiguar cómo son otras personas", resalta Green. "Cuando yo era un niño pequeño, no creía realmente que las otras personas eran como yo, estaba tan obsesionado con mi propia complejidad e intentando entenderme a mí mismo que realmente no tenía la energía mental de imaginar otras personas", precisa.
En apenas diez años, con sólo cuatro libros, Green ha pasado de ser un desconocido a estar entre las cien personas más influyentes del mundo, según la revista Time. Algo que ha logrado con historias sencillas, pero con un punto dramático, "algo muy habitual en la época adolescente, en la que hasta la situación más sencilla puede convertirse en algo que marque una vida entera".
Es el caso de "Ciudades de papel", que cuenta la fijación de Quentin (Natt Wolff en el film), en su último año de instituto, por su vecina Margo (Cara Delevigne), una joven que, sin pretenderlo, le marcará la vida.
Wolff ya participó en "Bajo la misma estrella", en un papel secundario. Sobre él, Green asegura: "No sólo interpretó a Quentin, trabajó muy duro para que todos los miembros del reparto encajaran. Me mandaba mensajes a las tres de la mañana ocho meses antes de que empezara el rodaje. Creo que podría incluso haber dirigido la película".
Según la crítica, una película que muestra con mucho realismo y normalidad, aunque también con alguna licencia poética, la vida de unos jóvenes en una ciudad cualquiera de Estados Unidos en una especie de radiografía de una época complicada por la que todos pasamos, pero que Green parece recordar con exactitud.
"No sé nada de la cultura, la música o la lengua que usan ahora los adolescentes, pero tampoco lo sabía cuando tenía 16 años; todo lo que puedo hacer es tratar de contar ese camino emocional y esperar que sea algo razonable para mis lectores", asegura Green.
| Agencia EFE |


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