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Juventus cierra su año con “Carmen”
Hernán Sánchez Arteaga indicando cómo quiere su “Carmen”, último título de la temporada de la sociedad musical Juventus Lyrica.
Periodista: Antes le tocó dirigir para Juventus "Lucia di Lammermoor" y "Barbero de Sevilla", dos óperas muy conocidas del repertorio. Ésta lo es también. ¿En qué medida influye este hecho en una aproximación a la obra?
Hernán Sánchez Arteaga: Requiere una mirada introspectiva de lo que va a ser, analizar, pensar cómo se quiere cada frase, decirle al cantante qué se tiene que imaginar en esa frase para lograr el sonido, lo mismo con la orquesta, contarles de qué se trata. Muchas músicas parece que tuvieran un dejo de tristeza, y a veces con la escena, no tiene nada que ver. Analizándolo me digo que no puedo pensar en que la obra es conocida. Este año tuve que prepararla con el Coro del Teatro Argentino de La Plata, también canté un papel en ella, en castellano, en el Colón, en el Luna Park... Llevamos en la cabeza distintas puestas y versiones y hay que tomar la decisión considerando cada escena y cómo se arma. Ver qué pasa en lo poético, lo dramático y lo musical, cuál de las tres opciones vale más. Si me decido sólo por la música, a veces no alcanzo a poner todos los colores; si es por lo teatral, puede llegar a ser un desastre musical. Hay que hacer un porcentual entre las tres y llevar la energía al escenario, porque "Carmen" lleva hacia adelante, las frases no mueren, es un paroxismo continuo, melodías en las que se muestra el embrujo pero también la fiesta en una plaza. Bizet junta todo. El que dirige tiene que estar muy atento a ese embrujo. Hay dualidad, por eso "Carmen" triunfa.
P.: ¿Cómo percibe la posición de "Carmen" a nivel histórico y también de género?
H. S. A.: Bizet escribió la partitura con diálogos, después de su muerte se estrenó en Viena con recitativos agregados, que emulan lo escrito, pero no los vamos a hacer. Si bien la música no es toda la que escribió Bizet para el estreno, porque hay cortes, emulamos algo parecido porque tiene todas las partes habladas. La otra versión no me disgusta; acá hay un desafío para los cantantes por el idioma y porque deben sostener la escena con los diálogos después de una música que es desbordante. El cantante tiene que poder actuar.
P.: ¿Cómo desarrolló el aspecto vocal?
H. S. A.: En esta obra hay una mezcla entre lo popular y lo académico. Si bien la música francesa, en general, pide un bel canto más purista, el personaje de Carmen tiene una forma en la que Bizet exige que haga portamento, inflexiones, cosas que no se pueden cantar como de escuela.
P.: ¿Y a nivel del trabajo orquestal?
H. S. A.: Hay intervenciones que reflejan situaciones de la escena, como la melodía del Toreador, que aparece en legato o como una marcha. Yo le explicaba a la orquesta que el torero, cuando se mueve, tiene ese legato, y lo aplauden más si hace movimientos pequeños y se queda quieto mientras el toro arremete: eso está plasmado en las melodías. "Carmen" está llena de colores instrumentales, cosas que incentivan a bailar, al paroxismo y a la ligereza: no se puede hacer pesado porque muere, el peso tiene que aparecer en algunos momentos pero tiene que ir con ligereza hacia adelante.
P.: Una visión más francesa que wagneriana, como a veces se la escucha.
H. S. A.: No funciona wagneriano, porque todo se precipita hacia adelante, y lo wagneriano lleva haca atrás. Aquí la pasión es grande, lleva hacia adelante siempre.
Entrevista de Margarita Pollini


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