6 de diciembre 2016 - 22:13

Kirk Douglas está bien, vive en Hollywood, y el viernes cumple los 100

Uno de los legendarios de Hollywood será centenario esta semana. El padre de Michael Douglas también actuó en la formidable “Sed de vivir”.

Douglas centenario. El padre de Michael llegó a actuar con él en “Herencia de familia”, en 2003.
Douglas centenario. El padre de Michael llegó a actuar con él en “Herencia de familia”, en 2003.
Nueva York - Kirk Douglas nació siendo "el hijo del trapero" y Michael Douglas siempre fue el hijo de una estrella de cine. Dos mitos unidos por un legendario hoyuelo en la barbilla y separados por el cambio generacional del Hollywood clásico de los grandes estudios al cine globalizado. "Siempre les he dicho a mis hijos que no tuvieron la ventaja que tuve yo de nacer en una pobreza miserable", ha afirmado en varias ocasiones Kirk Douglas, que el viernes cumplirá cien años.

Nacido Issur Danielovitch Demsky en Nueva York, hijo de emigrantes rusos, el patriarca de los Douglas tuvo que esforzarse mucho para llegar a destacar en el cine, combatir en una guerra y, aun así, quedarse sin su Oscar en competencia tras tres nominaciones por legendarias interpretaciones. Su célebre hijo, en cambio, nació en Nueva Jersey como Michael Kirk Douglas, rodeado de atenciones y con la vía libre en un Hollywood que le ha dado dos Oscars de dos nominaciones.

Una como productor por "Atrapado sin salida", por los derechos de adaptación que le había cedido su padre (al que, además, negó el papel protagónico), y otro como actor en "Wall Street", donde interpretó a Gordon Gekko. Sus problemas llegaron una vez en la fama, cuando su condición de mito del "thriller" erótico con "Atracción fatal" y "Bajos instintos" -a cuyo estreno lo acompañó su padre- se trasladó a su vida real y tuvo que entrar en una clínica de desintoxicación por su adicción al sexo, las drogas y el alcohol. Por ese y otros motivos, Kirk Douglas se había opuesto en un principio a que su hijo Michael desarrollara su carrera como actor, aduciendo que era una vida demasiado inestable.

"Cuando te conviertes en una estrella no cambias, pero todos los demás sí", decía. Una de sus mejores películas, "Cautivos del mal", de Vincente Minnelli, era una cáustica crítica a los magnates de Hollywood y él mismo se arrepentía de no haber prestado atención a su familia. "Durante muchos años lo consumió la culpa por ello y pasó mucho tiempo hasta que lo aceptó. Pero ahora nos llevamos muy bien", aseguró con los años Michael Douglas. Sin embargo, en el momento en el que su hijo insistía como actor y fue despedido de la obra de teatro "Summertree", Kirk compró de nuevo los derechos para el cine y la floja película fue protagonizada por Michael Douglas, arruinando su reputación como productor.

Michael representa la cara hermosa del relevo generacional: sus hermanos Eric, Joel y Peter también siguieron la carrera pero sin salir del anonimato, algo que en el caso de Eric (que debutó al lado de su padre en "A Gunfight" en 1971) terminó en una muerte por sobredosis el 6 de julio de 2004. "La gente piensa que siendo hijo de Kirk Douglas no tienes que hacer nada. Si tienes éxito es lo normal", resumió Michael. Kirk tuvo durante décadas una adicción, los cigarrillos que consumía de manera ininterrumpida, pero llega a los cien años tras superar una apoplejía e incluso protagonizando en el siglo XXI una olvidable comedia junto a su hijo titulada "Herencia de familia" (2003).

Kirk interpretó a un periodista de leyenda en "Cadenas de roca", de Billy Wilder, y la vulnerabilidad artística de Vincent Van Gogh en "Sed de vivir", de nuevo de Minnelli. Creó escuela y construyó su mito. Luego exploró la socarronería a las órdenes de Joseph L. Mankiewicz en "El final de un canalla" junto a Henry Fonda (otro que diría "cómo voy a querer a Hollywood si da sus Oscars a tus hijos antes que a ti") o el cine de aventuras de "20.000 leguas de viaje submarino". Otras de sus películas epónimas fueron "Espartaco" y "La patrulla infernal", de Stanley Kubrick, "El arreglo", de Elia Kazan, "Duelo de titanes", de John Sturges, "Los vikingos", de Richard Fleischer y "Hombre sin estrella", de King Vidor".

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