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La alegría bohemia regresa al Teatro Argentino platense
Mario Pontiggia: “En el Argentino de La Plata se palpa el verdadero ambiente de teatro; alguien de la profesión siente eso no bien entra”.
Periodista: Ésta es una ópera que pinta un ambiente social y cultural muy particular. ¿De qué manera está encarada su puesta para el Argentino?
Mario Pontiggia: La ambientación es la de un París teatral de inicios de 1930; así había sido planteada la producción existente y no consideré necesario cambiarla. Esta es mi séptima producción de "Bohème"; las precedentes han tenido ambientaciones diversas: 1896, 1910 o 1970. A pesar de ello, siempre he usado la buhardilla con el atelier de Marcello -como punto de encuentro íntimo de los bohemios-; el Café Momus -como punto de encuentro social de los bohemios- y la puerta aduanera de la Barrière d'Enfer -como lugar periférico para el reencuentro de ambas parejas-. Independientemente del espacio, que con el equipo hemos adaptado a las nuevas necesidades, la puesta se centra en la comedia juvenil que Puccini plantea, comedia no dividida en actos sino en cuadros, lo que apunta a una forma más propia del "sketch" escénico, una forma más libre. Me he centrado sobre el texto musical, los dobles sentidos del mismo texto, el ritmo, el juego continuo en escena, los discursos excéntricos. Y por sobre todo, he tratado de infundir al elenco esa despreocupación juvenil por el futuro, lo que lleva a vivir intensamente el presente. En "Bohème" hay un planteo desenfadado, y más si pensamos que se estrenó en 1896: allí se trata el amor libre, los sueños y proyectos que no se cumplirán, la doble moral de la sociedad, el futuro incierto de los artistas. En síntesis, he vuelto a poner en práctica lo que más de veinte años de "Bohème" me han enseñado: liberarla de las ataduras melodramáticas y patéticas para hacer prevalecer la frescura y la inconsciencia, algo propio de la juventud.
P.: Respecto de la novela de Murger, en la ópera de Puccini algunos rasgos, personajes y situaciones han sido "italianizados". ¿De qué manera están tratados en su versión?
M.P.: La bohemia que Puccini conocía era la de su época como estudiante en el Conservatorio de Milán y la de sus primeros años como joven compositor en esa ciudad. No conoció la bohemia de París, y cuando conoció París ya era famoso y su ambiente era otro. Leyendo sus cartas se puede ver que el compositor tenía muy claro qué quería hacer con "La Bohème". La novela de Murger, ambientada en la época de Luis Felipe, tomaba como modelos a personajes reales, amigos del autor. Después de la novela, Murger hizo una obra de teatro. De la suma de la novela y de la obra teatral, Illica y Giacosa elaboraron el libreto. Y aquí entra la memoria de Puccini, como aquella anécdota de cuando iban con los amigos a la parada del tranvía milanés a ver la subida de las jóvenes, único momento que les permitía ver la pantorrilla de una mujer. Pero en "Bohème" no todo es broma, también está la figura de la melancólica Mimì, verdadero centro de atención de Puccini, en la que la enfermedad sólo sirve para evidenciar su bella palidez y acelerar el final. La "italianización" se ve también en el uso de modismos toscanos y doble sentidos -que hemos definido bien con el elenco- pero con respecto a los personajes no veo que los determine un contexto preciso, una ciudad, una época, sino más bien el período de sus vidas que están atravesando.
P.: El Argentino ha sufrido en los últimos tiempos dificultades materiales y artísticas. ¿Cómo lo ve hoy? ¿Cómo se desarrolla su trabajo en este contexto?
M.P.: El Argentino no está exento de la situación actual de los teatros o instituciones culturales o sociales, no sólo en la Argentina ni en Sudamérica sino en el mundo, o al menos en la parte de mundo que frecuento. Podrá haber otras condicionantes locales según el caso, si se analiza que una institución necesita estabilidad y recursos para funcionar. En el Argentino se palpa el verdadero ambiente de teatro; alguien de la profesión siente eso no bien entra. Tengamos en cuenta que el Argentino original se abrió en 1890 -18 años antes que el actual Colón; hay una tradición que ni siquiera las vicisitudes o las catástrofes aniquilaron, es un teatro de enorme potencial.
P.: Usted desarrolla una intensa carrera en el exterior. ¿Qué significa cada regreso a la Argentina para trabajar y éste en particular?
M.P.: Es evidente que la parte emocional juega su parte cuando uno es invitado a su propio país. En lo que a mí respecta, la única experiencia anterior en el Argentino la tuve en el Cine Rocha a finales de los '80, cuando el teatro aún tenía esa sede; era un pequeño espectáculo. Una invitación posterior para la temporada 2010 no pudo llevarse a cabo por cuestiones técnicas. Y me sorprendo al verme festejar mis treinta años de carrera como director escénico no sólo en mi país sino en mi propia provincia, ya que soy nacido en Las Flores. Me ilusiona poder volver con "Bohème", es como regresar a la vida despreocupada de estudiante donde sonábamos con lo que haríamos. Y soñar siempre es bueno.
Entrevista de Margarita Pollini


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