- ámbito
- Edición Impresa
‘‘La Argentina es un país complicado de predecir’’
‘‘El domingo que quebró Lehman algunos iban a ver qué pasaba, pero era más una especie de terapia de grupo’’, recordó Guillermo Mondino.
Guillermo Mondino: Por un lado, existe una nueva línea de crédito flexible para países que cumplen con el artículo cuarto (es decir las revisiones) es que no deben tener problemas estructurales graves. Con este crédito el FMI intenta aislar a los sanos. La Argentina por supuesto que no califica ya que no reúne el requisito del artículo cuarto. Es más, hay otros países que sí lo cumplen y ni siquiera acceden. De América Latina califican México, Colombia, Perú y Brasil, y potencialmente Panamá y Uruguay. Además existe una segunda línea, que son programas de stand by con mucho acceso.
G.M.: No, porque en ese momento el financiamiento lo daban con cuentagotas. En este caso se da todo al comienzo y es para países que tienen el artículo cuarto y que son creíbles, pero que necesitan un empujón. Por último existe el programa stand-by tradicional, que consiste en un monto de cinco veces la cuota del país en cuestión.
G.M.: Sí, pero las flexibilizaron y además levantaron el límite de financiamiento. Los programas que impuso el FMI en la Argentina en el pasado eran muy difíciles de cumplir, con altos costos políticos. Esto lo están eliminando. Ahora piden cumplir con objetivos macroeconómicos.
G.M.: Claramente, ya que no hace falta ningún requerimiento más que acercarse al Fondo y pedir apoyo.
P.: Pero podría tener un alto costo político...
G.M.: ¿Cuál sería si el FMI pide cuentas saneadas? No lo creo. Sin embargo, el organismo sí va a decir que es necesario confiar en las estadísticas. No creo que pidan que se cambie el INDEC de un día para otro, pero sí que lo hagan gradualmente. No tengo muy en claro que éstos sean costos muy altos.
Costo ideológico
P.: Pero hoy, con la crisis, no se puede garantizar continuar con superávit en las cuentas.
G.M.: El FMI no es lo que era. Ahora tiene la visión de que no hay que hacer muchos ajustes fiscales porque hoy sería contraproducente. No es mucho lo que piden. No hay un gran costo político sino ideológico, ya que en el Gobierno consideran que no es el momento para acceder a un programa. Pero teniendo en cuenta que se podría acceder a cinco veces la cuota, que es lo que ofrecen en esta línea, equivalen a casi 15.000 millones de dólares de financiamiento, hay que pensar que a la Argentina le solucionaría muchos problemas.
P.: Algunos piensan que los 2.500 millones de los DEG (derechos especiales de giro) del FMI podrían ir a parar al Tesoro, ¿qué opina?
G.M.: Van a parar a las reservas. Si el Tesoro se quiere hacer de esos dólares, habría que ver cómo lo llevaría a cabo porque existen restricciones para poder hacerlo.
P.: ¿Con una modificación de la carta orgánica del Banco Central?
G.M.: Habría que ver. Para no discutir estos cambios, se las suelen incluir en el Presupuesto. No me parece muy deseable que lo hagan, pero ante el riesgo de que manoseen la carta orgánica es preferible. El objetivo del FMI es que vayan a las reservas.
P.: El jueves se conoció que el PBI de EE.UU. volvió a caer. ¿Cuánto más durará esta crisis internacional?
G.M.: A pesar de la caída del producto, la buena noticia fue que el consumo tuvo un crecimiento positivo. Todos los indicadores dan una señal marginal de estabilización, mejor dicho, de desaceleración de la caída. Daría la sensación de que el programa está funcionando.
P.: ¿Y en la Argentina?
G.M.: Todavía no terminamos de transitar el ajuste. En el segundo trimestre la situación todavía no va cambiar, no se producirá el rebote, mientras que en otros países latinoamericanos sí sucederá.
P.: ¿Cuándo ocurrirá?
G.M.: La Argentina es un país complicado de predecir por las elecciones de fines de junio, que pueden traer bastante ruido. Ya es inestable de por sí y además el Gobierno le imprimió mayor volatilidad: cambia de un día para otro. Es por todo esto que veo que recién se estabilice la situación económica en el tercer o cuatro trimestre, sin que todavía se produzca el rebote.
P.: Usted trabajaba en Lehman Brothers cuando este banco quebró, ¿cómo lo vivió?
G.M.: Había nerviosismo, por supuesto. Pero las fotos que se difundían de la gente que durante el fin de semana sacaba sus cosas de la oficina, eran unos pocos que decían que si el banco quebraba, no se las iban a poder llevar más, pero eso finalmente no ocurrió. Ese domingo, en el que se definió el «no rescate», algunos iban a ver qué pasaba, pero era más una especie de terapia de grupo. Ahora el mundo bancario se está estabilizando un poco, pero quedan pasos todavía en los procesos de capitalización, de nacionalización de algunas entidades. No se conocen todavía todos los resultados, todas las «autopsias» como las llamo. Veremos qué surge en los próximos meses.
Entrevista de María Iglesia


Dejá tu comentario