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La Berlinale, entre la fuga de Madonna y la ofensiva del 3D
La jefa de Gobierno alemana Angela Merkel y Wim Wenders, ayer, con los anteojitos necesarios para apreciar debidamente «Pina», elogiado documental en 3D sobre la coreógrafa Pina Bausch.
Llegaron para presentarlos las estrellas norteamericanas de mayor calibre que vendrán este año: los hermanos Coen, Jeff Bridges, Kevin Spacey, Jeremy Irons y Zachary Quinto (el Dr. Spock de «Viaje a las estrellas»). Eso sin contar a Madonna, que trajo directamente al European Film Market fragmentos de su última película como directora, «W.E.» y dejó plantados a paparazzi y fanáticos que esperaban verla aunque sea de lejos.
El costado artístico -sobre el que reposa la reputación del festival- ya ha mostrado trabajos interesantes en sus varias secciones. Por ejemplo, la entretenida comedia costumbrista alemana «Almanya», sobre las vicisitudes culturales y lingüísticas de una familia inmigrante turca, escrita y dirigida por dos hermanas que cuentan anécdotas de sus abuelos de Anatolia; y la melancólica introspección del drama germano «La enfermedad del sueño», ambientado en Camerún, sobre las complicadas relaciones políticas y humanas entre Africa y Europa.
Pioneros en plena forma
El hecho más saliente hasta ahora ha sido la ofensiva 3D «made in Europe», con dos documentales alemanes fuera de competencia y un largometraje animado francés, «Los cuentos de la noche». Wim Wenders y Werner Herzog, los directores de «Pina» y «La caverna de los sueños olvidados», muestran que frisando los 70, dos de los directores punteros de los años setenta se mantienen no sólo en plena forma artística sino que incursionan por nuevos caminos gracias a la tecnología digital y estereoscópica. Lo hacen con garbo y maestría, demostrando de paso que el 3D les sirve para expresar visual y sonoramente la variada experiencia humana.
En el caso de Wenders, la obra de la notable coreógrafa Pina Bausch, que tantas veces pasó por Buenos Aires con su compañía de teatro y danza, y que murió imprevistamente en 2009. «Como Pina -dijo Wenders en la abarrotada conferencia de prensa- busco que el cuerpo muestre el alma». Rodado con dos cámaras especiales, sin intimidar a los bailarines, en dos salas de teatro y por la ciudad de Wuppertal, el documental imita cinematográficamente el estilo coreográfico de Bausch, realista y simbólico a la vez. Hay que verlo para darse cuenta cómo Wenders lo logra, a través del montaje, la escenificación y la música. «Pina» ofrece al espectador una rica aventura visual, saturada de emociones, a la vez que un viaje generoso por los vericuetos de la creación artística.
Werner Herzog, por su parte, trasciende el documental puramente geografico. Aunque a simple vista «La caverna de los sueños olvidados» es la exploracion de una cueva paelolítica descubierta en 1994, con extraordinarias pinturas rupestres; el documental constituye una instancia más de la continua meditación de Herzog sobre aquello que nos hace humanos. Idiosincrático y con algunos desvíos hacia lo insólito, el reali-zador alemán narra en primera persona el proceso de filmación a la vez que examina el papel de la memoria en la trasmisión de los valores y actividades que enlazan al hombre de Cromagnon con el Homo Sapiens de hoy. Que la última imagen sea la superposición de cocodrilos albinos producto indirecto de un reactor atomico cercano a la cueva, a una mano pintada en el paleolítico, no por irónica deja de ser efectiva. Los efectos tridimensionales causan estupor (aunque también mareo al cabo de un rato).
Los videógrafos aficionados a las nuevas tecnologías se entretendrán con las explicaciones de Herzog sobre los desafíos del rodaje en una cueva subterránea y oscura.
El European Film Market, bazar persa donde productores, distribuidores y exhibidores internacionales compran y venden películas hechas, por hacer y en la imaginación de los realizadores, dedicó un panel a adivinar el futuro del 3D.
La industria del cine sufre los cimbronazos de la revolución digital y no termina de encontrar un modelo comercial que genere ganancias. Estos paneles de expertos no tienen la panacea pero ayudan a desbrozar el camino.
Lo único cierto es que - como cuando llegó el cine sonoro a finales del 20- queda un tendal de muertos y sobreviven los que innovan e imaginan un negocio diferente.
* Enviada Especial


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