La caída en las expectativas de PBI, el dato más preocupante

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La última corrida cambiaria dejó secuelas que modificaron las expectativas de los agentes económicos. El tipo de cambio sufrió una depreciación en torno al 23% en menos de 20 días, la tasa de interés de política monetaria aumentó 1.275 puntos, el riesgo país superó la barrera de los 500 puntos y se vendieron más de u$s7.700 M en diversas estrategias para contener la divisa. Si bien ya se ha ahondado mucho en la recuperación del tipo de cambio real multilateral, los efectos que podrá tener en la inflación y la caída en las reservas que hoy se encuentran por debajo de los u$s50.000 M, es preciso analizar la implicancia de este movimiento en términos de expectativas a futuro.

Probablemente el dato más relevante que ofreció la reciente difusión del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), tenga que ver con la caída que el mercado prevé en términos de actividad económica. El relevamiento realizado en abril marcaba un segundo trimestre sin crecimiento respecto al inmediato anterior y un leve crecimiento para el tercer trimestre (0,7%). Sin embargo, ahora el mercado está descontando una caída de 1% sin estacionalidad para el segundo trimestre y otra de 0,4% en la mediana para el tercero. El fin de la película limitaría el crecimiento en torno al 1,3%, muy por debajo del 3,5% pronosticado por las autoridades al momento de elaborar el presupuesto e incluso de la estimación anterior de 2,5%.

La economía atraviesa una encrucijada en la cual el camino por el cual salir parece incierto. Argentina acarrea una inflación del promedio del 27% en los últimos 10 años, muchos escritos al respecto indican que para que el crecimiento de un país en desarrollo no se vea afectado negativamente por la inflación, esta debe ubicarse por debajo del umbral del 12% o 13%, de ahí que surge el afán del BCRA de bajar la inflación como objetivo primordial. Es lógico suponer que un alza en la tasa de política monetaria hoy puede quebrar las expectativas de inflación futuras, de lo contrario, una tasa de interés real negativa generaría un desaliento por las demanda en pesos, trasladándose a otros activos. Sin embargo, el sostenimiento de la tasa de interés en niveles elevados, puede causar efectos adversos en el corto plazo.

En primer lugar, la cadena de pagos se ve afectada y en segunda instancia, las posibilidades de inversión. Durante la primera semana de mayo, los cheques de pago diferido (principal instrumento de fondeo de las pymes con un 68% del total) se ejecutaron en torno al 40,2% promedio en el corto plazo y rondaron el 38% para las de largo plazo dentro de las ejecutadas en el mercado de capitales, mientras que para quienes no poseen acceso a este, rondaron cerca del 70%. A raíz de esta problemática, el BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) intervino en el mercado, llevando las tasas al orden del 28%. Consecuentemente, a partir de la alta volatilidad, el volumen de cheques negociados se vio afectado y retrocedió un 27% mensual en mayo, tras 9 meses de crecimiento consecutivo, hecho que podría sostenerse sino intervienen artificialmente en el mercado.

A este contexto, de suma volatilidad y altas tasas de interés, se le suman dos efectos. El primero, que la inflación no está generando los resultados esperables, lo cual afecta aún más el poder adquisitivo de los ciudadanos y en consecuencia, una retracción en el consumo. Al primer trimestre, los salarios en su conjunto ya marcaban una pérdida en torno al 2%, que se agravará a lo largo del año si la inflación no muestra resultados alentadores tras haber cerrado paritarias en torno al 16% en promedio. De concretarse una variación del 2,2% en mayo según lo previsto por los privados, la inflación alcanzaría 12% en el 5to mes del año, restándole solo 3 puntos para incumplir la meta. El segundo, es que Brasil redujo su expectativa de crecimiento para este año y sus conflictos políticos continúan en aumento, lo que repercute directa y negativamente en nuestra industria automotriz, que ya mostró una fuerte desaceleración en mayo y en el conjunto de la balanza comercial.

De cumplirse el escenario del REM, para no afectar negativamente el crecimiento por arrastre del 2019, el crecimiento del 4to trimestre debe ser mayor o igual a 0,6%, escenario que parece difícil de alcanzar. Una baja en las proyecciones de crecimiento distorsiona los cálculos de estabilidad planteados por el Gobierno en términos de deuda y déficit, en los cuales el gobierno debe transmitir un sendero claro y consistente para que el gradualismo sea financiado por organismos del exterior. Ante un escenario global que presenta mayores desafíos y una Argentina aún muy sensible a estos movimientos por su vulnerabilidad externa, no priorizar los incentivos locales para el crecimiento de la actividad económica puede traer consecuencias más severas que resignar otros objetivos de la política económica en lo que resta del año.

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