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La Camerata ofreció notable Schönberg
Los solistas de la Camerata Bariloche brindaron notable programa Schönberg.
Clausurando las actividades de la presente temporada, el Centro de Experimentación del Teatro Colón, fuera de sede, propuso un interesante programa constituido por dos obras emblemáticas del compositor vienés Arnold Schönberg (1874-1951). La primera de ellas, «Pierrot lunar» (Pierrot lunaire), Op. 21, de 1912 y la segunda, «Noche transfigurada» (Verklarte Nacht), Op. 4, de 1899.
Ambas se escucharon óptimamente gracias a la excelente interpretación de un grupo de solistas de la Camerata Bariloche. Sumamente curiosa es el «Pierrot lunaire», una creación de preguerra del autor que el público toleró bien en su estreno aunque no se puede saber a ciencia cierta si la obra fue comprendida en la primera década del siglo XX, acostumbrado a un lenguaje diametralmente distinto del utilizado por Schönberg.
El corpus poético de Albert Giraud traducido al alemán por Erich Hartleben crea una atmósfera decadente y si se quiere, de espíritu marginal («Tú! , luna nocturna, mortalmente enferma!», es un ejemplo de esa inquietante literatura). El canto es sprechgesang (recitado cantado) y la instrumentación resulta bastante peculiar, sonando los cinco instrumentos elegidos solo juntos al final. Unos años más tarde Schönberg adoptará la dodecafonía como la forma más eficaz para su personal modo de expresión musical. En «Pierrot lunaire» ya hay un antecedente de ese lenguaje atonal y de ruptura.
Impecable la actuación de la mezzosoprano Vera Cirkovic, tanto desde la óptica vocal como dramática, intencionando cada verso a favor de una expresión poética. También el trabajo instrumental de Fernando Pérez (piano), Claudio Barile (flauta y piccolo), Mariano Rey (clarinete y clarinete bajo), Grace Medina (violín), Marcela Magin (viola) y Sviatoslav Poloudine (violoncello), todos bajo la brillante dirección de Fernando Hasaj.
Obra de gran belleza gestada a partir de un poema de Richard Dehmel, la «Noche transfigurada» pertenece al período post romántico de Schönberg, como lo es su «Gurrelieder». Espléndida fue esta vez la ejecución de esta obra íntima y transparente. Hasaj, Medina, Magin, Gabriel Falconi, Poloudine y André Mouroux, en violines, violas y violoncellos conformaron un ensamble perfecto que logró intimidar con su intenso mensaje sonoro. Para «Pierrot» se utilizaron imágenes muy bien elegidas y editadas de tres videoartistas: Jorge Haro, Diego Pousadela y Martín Goisman y un espacio escénico y vestuario de María Isabel Gual.


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