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La F-1 vuelve al pasado con los motores turbo
La incógnita es saber si la nueva era acabará con el dominio de las diabluras aerodinámicas ejecutadas por su intérprete más genial, el "mago" Adrian Newey, que ayudaron a Sebastian Vettel a ganar con Red Bull los cuatro últimos mundiales.
Se vuelve al camino inaugurado en 1977 por Renault (pilotos René Arnoux y Jean Pierre Jabouille) e imitado por todos los equipos desde el inicio de los años 80, a pesar de que el reglamento de entonces consentía utilizar únicamente motores aspirados (los históricos Cosworth de 8 cilindros).
A 25 años se emprende el camino inverso con dos objetivos: renovar el interés por una F-1 que en 2013 languideció en el tedio y bajar los costos, la pesadilla que quita el sueño a todas las escuderías.
La revolución empieza por los motores: los 8 cilindros de 2.400 cc van al museo y llegan los 6 cilindros turbo de 1.600 cc a inyección directa, con una drástica reducción de los consumos de 220 a 150 litros y la admisión de un uso de sólo 100 kilogramos de nafta (35 por ciento menos que ahora). Las líneas de los autos serán muy distintas, por los límites aerodinámicos que se han aprobado, y a los 600 HP de los turbo (los aspirados disponían de 750) se agregarán 160 HP que recibirán del ERS, el nuevo dispositivo que elevará 10 veces la potencia de los propulsores.


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