13 de julio 2011 - 00:00

La familia de Oriana Fallaci enfrentada por su herencia

Antes de morir, Oriana Fallaci nombró heredero universal a su sobrino Edoardo. Ahora la madre de éste y hermana de la periodista impugnó el testamento porque, según ella, la firma es falsa.
Antes de morir, Oriana Fallaci nombró heredero universal a su sobrino Edoardo. Ahora la madre de éste y hermana de la periodista impugnó el testamento porque, según ella, la firma es falsa.
Roma - Paola Fallaci, hermana de la fallecida periodista y escritora Oriana Fallaci, denunció la existencia de una firma falsa que beneficia a uno de sus hijos en el testamento de la escritora italiana ante la Fiscalía de Florencia, que ya investiga el caso.

Según informaron los medios italianos, Paola Fallaci niega la validez de un testamento de Oriana que nombra como heredero universal, vale decir de su casa en Nueva York, los jugosos ingresos por derechos de autor y todas sus posesiones, a su sobrino Edoardo Perazzi, excluyendo del reparto de la herencia a la propia Paola y a su otro hijo, Antonio.

Paola lleva mucho tiempo enojada con Edoardo y ya en una entrevista en 2008 afirmaba que tanto ella como su otro hijo, Antonio, habían salido mal parados del reparto del testamento de Oriana Fallaci, fallecida en septiembre de 2006 en Florencia tras una larga lucha contra el cáncer de mama.

Es público y notorio que Oriana Fallaci y su hermana no se llevaban bien. De hecho, en una entrevista un año después de la muerte de la periodista, Paola reconocía que su hermana le había advertido hacía tiempo que no vería ni un céntimo de su herencia. «Me había dicho que no me dejaría nada. Y yo le respondí: Haces muy bien, soy vieja, necesito poco para vivir. Pero me ha dolido que no haya pensando en mí otro hijo, Antonio. Para mí es un misterio», admitía.

Pero Paola, que ahora tiene 73 años, ofrecía en esa misma entrevista una posible respuesta al misterio: «Las mujeres Fallaci somos todas unas arpías. Lo eran nuestras antepasadas, lo era Oriana, lo soy yo. Solo nuestra madre era una mujer buenísima. De hecho, no era una Fallaci».

La hermana de la periodista italiana, que ahora insiste en que sus reivindicaciones son una cuestión de «herencia moral y cultural», asegura además que Oriana Fallaci no habría querido la publicación de «Un capello pieno di ciliege» (Un sombrero lleno de cerezas), obra póstuma publicada en julio de 2008. «La herencia me importa un comino», asegura. «Yo no necesito nada, me basta con lo que tengo», aseguró a la agencia italiana «Adnkronos», añadiendo que lo único que quiere es que se haga justicia, que salga a la luz la verdad y que se respete la verdadera última voluntad de su hermana.

El testamento de Oriana Fallaci es un magnífico ejemplo de la concisión y el laconismo característicos de la famosa entrevistadora y reportera. Consta de muy pocas líneas, en las que se imita a indicar a su sobrino Edoardo como su heredero universal.

«El testamento está claro y tengo confianza en la Magistratura. Las investigaciones que está llevando a cabo la Fiscalía no podrán sino poner de relieve lo que es evidente», indicó Edoardo Perazzi, en declaraciones que publicaron los medios. En la denuncia «se sostiene que la firma sobre el testamento es falsa. Imaginémonos: ese testamento fue firmado en Estados Unidos, ante testigos, abogados y un tribunal. Sólo sé que me ha caído sobre la cabeza la última teja. Mis actos han demostrado cuánto he respetado la voluntad de mi tía. Por ello estoy tranquilo», agregó.

Según Edoardo Perazzi, la intención de su madre es conseguir la herencia de su hermana, «nada más y nada menos». Fallaci (1929-2006), cuyos restos descansan en el cementerio evangélico de Allore de Florencia, regresó días antes de su muerte a la capital de la Toscana italiana desde Estados Unidos, donde tenía fijada su residencia.

La popular escritora cubrió todos los conflictos del Siglo XX desde la Guerra de Vietman a Oriente Medio, India-Pakistán, y América Latina y, aunque se retiró a principios de los noventa por su estado de salud, volvió a la escritura en sus últimos cinco años de vida, para dejar tres últimos libros sobre el mayor atentado de la historia, el 11 de septiembre de 2001.

Dejá tu comentario