Periodista: ¿Se cansó del periodismo como para pasarse a la literatura?
Jorge Zepeda Patterson: No, es una búsqueda por otras vías para seguir haciendo lo mismo. Sin duda el periodismo es imprescindible, sólo que se tiene la sensación de que no alcanza. Es necesario pero no suficiente. A veces se tiene la sensación de que uno se sigue comunicando con los cautivos. La novela, la ficción, permite alcanzar otros ámbitos. Y con otros instrumentos. Yo he escrito en crónicas los comportamientos de la clase política, de los operadores del poder. La ficción me da la posibilidad de seguir haciéndolo pero con modalidades que permitan conmover más, provocar sensaciones en el lector. Eso al periodismo le resulta complicado.
P.: ¿El policial es el género narrativo que permite meter el dedo en la llaga de la política?
J.Z.P.: El policial merodea las zonas de la escena pública por otras vías, pero sobre todo el thriller político el que da la posibilidad de denunciar cómo funcionan las tramas detrás de bambalinas. El problema de los periodistas es que nos convertimos en una subclase de la clase política. Un defecto en nuestros países del ejercicio periodístico es que acabamos siendo espejos del poder. Escribimos para y por estas élites gobernantes, que se comunican a sí mismas muchas veces a través de los espacios periodísticos. Se nos olvida nuestro papel de bisagras entre lo público y lo privado, y en vez de ser ventanas transparentes nos convertimos en espejos. Acabamos dando una versión relativamente pobre porque lo importante no sucede frente a los reflectores sino detrás. Como dicen los personajes de "Los corruptores", las principales decisiones no se toman en las cámaras legislativas, ni en los despachos de los ministros, sino en las charlas de sobremesa de los restoranes elegantes de la ciudad de México. Ahí es donde se amarran los acuerdos entre las distintas élites, luego la votación en las asambleas legislativas es simplemente protocolaria. ¿Cómo se describe esto periodísticamente? ¿sabes qué sucedió? ¿Es indocumentable? ¿Tienes algunos testimonios, algún off de record, alguna descripción de un protagonista que se va a desdecir si se lo publica? Eso va generando en el periodista la sensación de que se te van acumulando temas pendientes que no pueden aflorar porque los códigos periodísticos éticos exigen la demostración de lo que se publica. "Los corruptores" me dio la posibilidad de exhumar muchos de estas asignaturas pendientes, temas que conocía, el modo en que un gobernador se hace millonario, el modo en que un general pacta con el crimen organizado, etcétera. Muchas veces datos reales con los nombres cambiados, otras veces convirtiéndolos en casos representativos. Me permitió contar cómo ocurre una fiesta entre políticos, los acuerdos, el sexo como hilo conductor entre los hombres en una reunión, el cuerpo de las mujeres como modo de socialización, el uso abusivo de ciertos recursos, los mecanismos del poder.
P.: Se lo ha comparado con el sueco Stieg Larsson, pero en México hay una tradición de novela de denuncia política donde se inscribe por ejemplo Héctor Aguilar Camín, que estuvo cerca del poder, algo que de otro modo a usted también le sucedió.
J.Z.P.: Sobre todo cuando me tocó ser director de "El Universal", que es uno de los diarios más grandes de México es que vi de más cerca estas connivencias no necesariamente corruptas pero connivencias. Tomás, el periodista protagonista de "Los corruptores", dice "los mejores talentos periodísticos de mi generación no fueron derrotados por el sobre con dinero, la prebenda económica, sino por el simple expediente de ser invitados a la mesa del soberano". Pocos periodistas, incluso honestos, se resisten al tratamiento de sentirse amigos del poderoso. Y los políticos saben lo que es invitar a un periodista connotado cada 4 o 5 meses. Eso es enterarse, saber lo que otros no saben, tener una fuente, pero a la postre termina siendo un ejercicio periodístico de autocensura porque hay que cuidar al amigo, porque "ahora somos amigos" , y eso vale tanto como un sobre con dinero. A la semana de estar dirigiendo "El Universal" tenía una invitación a comer con Calderón, que era el Presidente, en su casa. Y te tratan como si fueras su amigo de la infancia. Se sale pensando me he hecho un nuevo mejor amigo, ¿qué ha pasado aquí? Y se tiene que estar muy consciente de ese tipo de cosas. Los periodistas así acabamos siendo personajes de la vida pública. En México, como en muchos países de América Latina, hay una gran tradición, desde Martín Luis Guzmán, un literato de la Revolución Mexicana, que desmitifica por vez primera a algunos revolucionarios a Luis Spota, Agustín Yáñez, y Aguilar Camín del que "Morir en el Golfo" y "La guerra de Galio" son tratados antropológicos de la clase política mexicana. Lo que intento en "Los corruptores" es acogerme a esta tradición, son maneras de explicar el poder en color, con sangre y fuego.
P.: ¿Por qué hoy se elige a un periodista cómo investigador?
J.Z.P.: Yo no escogí un detective o un policía por la simple y sencilla razón de que en México un policía honesto sonaría un poco inverosímil. Un policía como el de Mankel que busca la verdad incluso con el riesgo de exhibir los pecados de sus superiores o del sistema es casi impensable en México. Tendría tantos pecados acumulados como los que está tratando de descubrir. Es invendible en México un policía que sea un personaje épico en busca de develar un misterio. Quiero pensar que un periodista es un poco más verosímil, aunque en busca de la verdad apueste su vida, como en "Los corruptores" que comienza con un crimen y Tomás, que dando pistas del asesino, busca salvar el pellejo. Él denuncia al hombre más poderoso, el brazo derecho del régimen, la cara oscura, el gran operador político del Presidente, probablemente el sucesor. El asesinato de su amante sacude directamente las bases del regreso del PRI al poder. Si la novela se publica en Italia, en Francia, en Brasil, es porque tiene una eficaz narrativa de novela negra. Atrapa a un lector de Roma o París aunque le tenga sin cuidado el regreso de PRi al poder o la casuística de un gobernador corrupto en México. Del mismo modo, puede interesarnos muy poco la historicidad del fascismo sueco después de la Segunda Guerra Mundial y atraparnos la trilogía "Millenium" de Larsson, está sostenida por sus personajes, por su trama de suspenso.
P.: Además usted muestra cómo opera y cuáles son los vínculos del narcotráfico.
J.Z.P.: El poder, la clase política, la forma en que operan, se parecen mucho en el mundo. Lo que importa es lo que está atrás de la foto: las apuestas en común, los acuerdos entre las fracciones, las componendas entre los grupos de poder,. En Washington, París o Buenos Aires lo que se entreteje está detrás de la escena, Intento mostrar que a los poderosos les molesta la luz. "Los corruptores" es una búsqueda en la oscuridad de cómo están operando. Si un personaje dice que los políticos son peores que los narcos es porque se convierten en los brokers que hacen posible que el narco se subsuma en la vida cotidiana. El narcotráfico ha cambiado respecto a los que era en los setenta y ochenta, donde era un trasiego, y la sociedad mexicana hasta consideraba que era un ingreso económico. Había que llevar la droga a Estados Unidos. Todo ocurría al margen de la sociedad civil. El modelo de negocios fue cambiando y cada vez más los mercados de consumo locales importaron más a las bandas, interesó la apropiación de las plazas consumo, hacerse del control de Acapulco, de Cuernavaca o de Coyoacan o Guadalajara. Las matanzas que aparecen en los diarios tienen que ver con la disputa entre dos bandas para el control de una plaza, que hace 15 años no sucedía. Se ha convertido en un fenómeno económico brutal. Y lo que era de México hoy comienza a suceder en España, en países de Sudamérica, donde estas trasnacionales del crimen comienzan a disputarse las plazas. Lo que se podría aspirar es que el crimen organizado se organice, y no conviertan esto en un botín en disputa.
P.: En su novela establece un grupo de investigadores "Los azules" donde hay un periodista, un profesor universitario, una política de fuste, una eminencia gris del espionaje. ¿Tendrán un zaga?
J.Z.P.: "Los corruptores" es una historia de amigos de infancia. Se vuelven a unir cuando Tomás descubre la trama política del crimen de una actriz, para enfrentar juntos el tema. Lo que no impide las rencillas, las envidias, las competencias entre ellos. Ahora "Los azules" enfrentaran el tráfico de personas. Será como una segunda temporada, si fuera una serie televisiva.
| Entrevista de Máximo Soto |


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