28 de septiembre 2012 - 00:00

La hora argentina en San Sebastián con film de Sorín

Carlos Sorín y Alejandro Awada ayer en San Sebastián, donde se proyectó su film «Días de pesca».
Carlos Sorín y Alejandro Awada ayer en San Sebastián, donde se proyectó su film «Días de pesca».
San Sebastián - Ya se juegan las últimas competidoras. Ya sólo resta ver «Hypnotisoren», el policial sueco de Lasse Hallstrom, que vino con Lena Olin. ¿Y quién ganará mañana la Concha de Oro? Eso ya depende de los jurados, y con los jurados nunca se sabe. Por el momento, las apuestas se reparten entre «Dans la maison» y la candidata española al Oscar, «Blancanieves», con un premio especial para «Días de pesca», de Carlos Sorin, que ayer no despertó ovaciones pero emocionó genuinamente y aportó algo que ninguna otra película había traído a la sección oficial: sencillez, ternura, y ganas de seguir viendo por lo menos diez minutos más.

A la salida, el público hablaba de los personajes, de ese hombre que ha salido de un pozo y quisiera recomponer la comunicación con su hija. Y los especialistas hablaban de precisión, de la capacidad de dar la nota justa, decir mucho con los mínimos elementos, emocionar con limpieza. «Hago películas sobre cosas que me conmueven. Por ejemplo, el esfuerzo de quienes tratan de alejarse de una adicción y reconciliarse consigo mismo y con sus afectos. Pero trato de contarlo a través de pequeños detalles. Para mí un silencio, una mirada, dicen más que muchas palabras, alcanzan mayor profundidad, y permiten que el público complete algunas cosas por su cuenta», explicó después el propio Sorin.

«Para mí el personaje tocó fondo y está dando un golpe de timón en el sentido adecuado. ¿Qué sucede luego? No lo sé, el autor tampoco lo sabe, pero yo espero que a ese personaje le vaya bien», se identificó el protagonista, Alejandro Awada. Ambos elogiaron después a la actriz que hace de hija, Victoria Almeida, augurándole un buen futuro, y recordaron a los no-actores de la película, esos hallazgos habituales de Sorin, como, en este caso, el ex campeón mundial Cochocho Godoi, que cuando perdió se quedó con el cinturón, y otros habitantes de la Patagonia, «tan escasos que cada uno que encontrás es una alegría».

Los amargados que protestan «no puede ser que en las películas de este tipo siempre haya gente buena» se sintieron mejor con el otro título en competencia: «Le capital», de Costa-Gavras, sobre, según definió el autor, «un banquero normal, que no hace nada ilegal, y eso es lo grave. Estamos mal, y los bancos europeos no corrigen sus reglamentaciones porque los de EE.UU. no tienen ninguna, pero tampoco podemos creer que Robin Hood sea la solución. Hay que acabar con ese mito».

Firme como en sus años de juventud, Costa-Gavras sabe entusiasmar a los descontentos con un tema de actualidad. Y sugiere que «se puede ser rico y tener una actitud ética aportando a la vida de los demás. Participo solidariamente con mi dinero, pero pido a los gobiernos que se gestione bien».

A otra cosa. Stephane Audran, señora del cine francés, ya presenta en la sección Cine y Gastronomía una copia restaurada del hermoso film danés «La fiesta de Babette» (que España estrenó como «El festín de Babette»). Y ya están aquí Ewan McGregor, Dustin Hoffman y Tommy Lee Jones. Y también Guillermo Francella, como pedía la popular. Y se espera al maestro Bernardo Bertolucci, que en silla de ruedas hizo su nueva película, «Io e te». Y, qué lástima, ya se va terminando el festival.

Premios, reclamos y paseos

Entretanto, ya se dieron los premios Cine en Construcción a «Gloria», de Chile (una sesentona quiere divertirse), y «Tanta agua», de Uruguay, y los de Cine en Movimiento (el equivalente africano) a una marroquí y una egipcia. Y el TVE adquisición a la israelí «Seis actos», duro retrato de una adolescente que quiso ser sexualmente popular, y a la libanesa «The Attack», sobre el médico palestino que ignora la participación de su esposa en el terrorismo. Y los premios paralelos a la trayectoria para el guionista Michel Gaztambide, el director de fotografía Javier Aguirresarobe, y la vestuarista Yvonne Blake. «Vine jovencita de Londres, con una minifalda cortísima, y me quedé para siempre», recordó ella entre risas, mientras el ministro de Educación, Cultura y Deporte J.I. Wert posaba para las fotos y eludía los reclamos contra el nuevo sistema que transfiere a los simples usuarios un gravamen que antes asumían las empresas de aparatos reproductores.

Esta semana la industria también propuso la creación de un sistema de fondos que surja de la propia taquilla (como en la Argentina pero con menos intermediación estatal), y, entre otras cosas, reclamó mayores incentivos fiscales para inversores extranjeros, algo que en otros lados se llamaría «entreguismo», pero parece muy aconsejable en este tiempo de coproducciones.

Lo que no se oyó, en toda la semana, es que alguien reclame contra José Luis Rebordinos, el director del festival. Este hombre ha hecho maravillas con menos presupuesto y más costos que el año pasado. Y hasta jugó una partida pública de ping-pong en una plaza, como forma de promoción de un documental en donde entrevistan a una anciana jugadora. En verdad, el documental está referido a Man Ray (es el ingenioso «Emak Bakia Baita»), y, oh, maravilla, casualmente cerca de la sala hay una enorme exposición de obras de Man Ray. También hay una enorme exposición de fotos, maquetas, vestidos, etc. de las 25 películas españolas premiadas por la Academia de Cine, y otras de afiches, caricaturas e ilustres visitantes del Festival a lo largo de sus 60 años de existencia.

Y una «ruta cinematográfica» con indicadores tipo «acá estuvo Hitchcock» o «acá se filmó tal película». Acercando su tableta o el smarphone, uno puede ver un fragmento de la película, o del noticiero que muestra, por ejemplo, a la multitud esperando el tren que en 1957 trajo a Brigitte Bardot. Pero ella en persona, hoy, ya no está disponible. Sino capaz que también la traían.



* Enviado Especial

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