La CUP (Candidatura d'Unitat Popular), un partido anticapitalista e independentista cuyos votos en el Parlamento catalán eran necesarios para la investidura del presidente de la Generalitat, decidió ayer no darle el respaldo para que vuelva a gobernar tras las elecciones del 27 de septiembre, consideradas un plebiscito sobre la independencia de la región.
"La decisión está tomada. Con este candidato no podemos formar Gobierno", confirmó uno de los representantes de la CUP tras la reunión de la dirección del partido.
El plazo para investir un nuevo presidente del Ejecutivo catalán expira el próximo domingo 10. Si antes no hubiese un acuerdo, la ley prevé que el Parlamento regional se disuelva y que se convoquen nuevas elecciones. Serían las cuartas en seis años.
La única opción "in extremis" para evitarlo es que la coalición independentista con la que Mas concurrió a las urnas en septiembre, Junts pel Sí, acepte la principal condición de la CUP: un nuevo candidato que guste al partido de izquierda.
"La decisión no cierra la puerta a que otro candidato se pueda presentar para plantear una nueva investidura", explicaron desde la formación anticapitalista, que instó a Junts pel Sí a "mover ficha" para evitar nuevos comicios.
La vuelta a las urnas, no obstante, parece el escenario más probable: Junts pel Sí se negó hasta ahora a sustituir a Mas por otra persona, incluso tras los dos rechazos de la CUP en las primeras sesiones de investidura.
La decisión tomada ayer por el partido de izquierda radical y secesionista tiene lugar tres meses después de los comicios del 27 de septiembre. En ellos, Junts pel Sí obtuvo el mayor número de votos, aunque no la mayoría absoluta. El futuro de Mas quedó a partir de entonces en manos de la CUP, con el que sólo coincide en su afán separatista. Durante tres meses, ambas partes negociaron sin éxito.
El partido anticapitalista pidió desde el principio la cabeza del jefe del Ejecutivo catalán en funciones, al que no ve con buenos ojos por los recortes del gasto público llevados a cabo por su Gobierno y por los casos de corrupción que salpican a su partido.
Sin embargo, la mitad del partido abogó por apoyar su investidura a cambio de determinadas concesiones para no paralizar el proceso secesionista. Tras un empate inpedito en una votación interna realziada hace ocho días, ayer ganó el "no".
El objetivo de la CUP y de Junts pel Sí es iniciar el camino hacia una "república catalana independendiente", a lo que se opone el Gobierno español de Mariano Rajoy, que enfrenta sus propios problemas para formar Gobierno y quien también podría verse forzado a ir a una nueva elección.
Si finalmente se convocan nuevas elecciones en la región, el proceso auspiciado por Mas quedará de nuevo bloqueado, al igual que ocurrió con la resolución independentista aprobada por el Parlamento catalán el 9 de noviembre.
La decisión de la CUP arrancó ayer reacciones en Cataluña y en España. La presidenta del Parlamento regional, la independentista Carme Forcadell, lamentó en Twitter el "no" del partido anticapitalista: "Siempre he pensado que al final la CUP ayudaría a hacer realidad el mandato democrático del 27S. No ha sido así.
Desde el Partido Popular (PP) de Rajoy consideraron que Mas queda ahora "deslegitimado" para volver a concurrir a las urnas y desde el Partido Socialista de Cataluña lo acusaron de ser el único responsable de "la parálisis" regional.
El rechazo a su investidura también es importante en el escenario político español tras las elecciones del 20 de diciembre, que dejaron el país al borde de la ingobernabilidad. El desafío independentista catalán se convirtió en una pieza clave de las negociaciones postelectorales entre los principales partidos.
El PP, el más votado en las urnas aunque lejos de la mayoría absoluta, y el emergente Ciudadanos defienden la unidad de España. El Partido Socialista (PSOE) aboga por una reforma de la Constitución española en clave federal y Podemos, heredero del movimiento de los indignados, pide un referendo en la región.
| Agencias DPA, AFP y Reuters |

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