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“La lógica del deseo es algo que no se puede comprender”
Garzón: “Según Muscari, la pregunta más contundente que plantea la obra es si puede un hombre heterosexual sentir como mujer”.
Periodista: ¿Cómo es su personaje?
Gustavo Garzón: Lleva dos vidas paralelas, una como hombre, otra como mujer. Está casado con una mujer muy tolerante que lo ayuda a llevar adelante su negocio, un hotel en las afueras, donde un grupo de hombres pasan algunos fines de semana vestidos como mujeres. No son gays, ni travestis, son tipos casados que hacen esto a escondidas de sus familias. La obra está basada en una historia real y transcurre en los años cincuenta, cuando ser homosexual estaba penado por la ley. Hoy este tipo de reuniones también se hacen en la Argentina. Son como clubes.
P.: ¿Es para gente de alto poder adquisitivo?
G.G.: No sé cuánto habrá que pagar para ingresar. Igualmente creo que los pobres están muy ocupados en ganarse el mango y en resolver cosas más vitales. No tienen tiempo para estas tonterías.
P.: Para estos hombres no es ninguna tontería...
G.G.: Cierto. A ellos les gusta vestirse de mujeres, para sentirse mujeres a pesar de sus contradicciones, porque muchos de ellos son auténticos homofóbicos. Hay bastante homofobia en el grupo. Para nosotros es un desafío actoral muy grande, pensar y comportarse como una mujer evitando todo estereotipo. Es algo muy sutil... Bueno, en ese trabajo de investigación estamos.
P.: ¿Cuándo estalla el conflicto en el grupo?
G.G.: Cuando mi personaje, alias Valentina, se propone legalizar esta práctica de vestirse de mujer para poder promocionar su negocio que se está yendo a pique. Pero al tener que declarar que no se admiten gays en el grupo, estalla el conflicto y salen a la luz varios secretos.
P.: ¿Se ofrece alguna explicación sobre este deseo masculino de actuar como mujer?
G.G.: No, al contrario, la obra abre un montón de preguntas y ahí está justamente su atractivo. La lógica del deseo es algo que no se puede comprender. Unos van para un lado, otros para el otro, hasta hay mujeres que se enamoran de travestis. Ya no hay nada que entender, sólo es cuestión de respetar las diferencias. Mientras no jodas al prójimo... Según Muscari, la pregunta más contundente que plantea la obra es si puede un hombre heterosexual sentir como mujer.
P.: ¿Qué beneficio encuentran estos hombres en ser femeninos sin comprometer su masculinidad?
G.G.: No lo sé. Estoy tratando de descubrirlo. Esto de transformarse en alguien totalmente opuesto, me recuerda a cuando estuve en Perú. Allá la gente es muy callada y sumisa hasta que intervienen en algunos de sus rituales, se calzan la máscara de demonio, toman alcohol y cambian de personalidad abruptamente. Actúan como poseídos. Yo los vi. Son como monstruos. El mismo tipito que parecía tan humilde e inhibido, es capaz de rugir como una fiera y de toquetear la mina que está con vos. En "Casa Valentina" la transformación es más sutil pero también es un salto de una identidad a otra.
P.: ¿Hay alguna crítica de lo femenino?
G.G.: Al comienzo de la obra se hace foco en la apariencia física. Hay personajes más agraciados y esbeltos, otros que son gordos y aparecen ciertas dificultades estéticas. Son bastante despiadados entre ellos y muy críticos. Según nuestro director, la acidez con la que ellos se expresan es muy femenina. Agregue, por favor, que estoy encantado de seguir trabajando con Muscari después de "Cash" y "El secreto de la vida".
P.: Ultimamente disfruta más de la escritura que de la actuación...
G.G.: Sigo siendo actor y me gusta mi oficio, pero no podría limitarse sólo a actuar. Si no escribo todos los días, me muero. Ya me lo dijo mi psicólogo hace veinte años: "usted no puede dejar de escribir" y tenía razón. Es lo único que me alivia, contar historias. Le diría que mis ilusiones y mis proyectos más personales tienen que ver con hacer películas. Ahora estoy presentando un nuevo documental sobre Teatro y discapacidad. Es un seguimiento que hice en el grupo de teatro de mis hijos Juan y Mariano. También tengo el proyecto de dirigir en cine, la adaptación de "Rugby", la novela de Manuel Soriano y sigo escribiendo el guión de "Plazo fijo" una historia de padre e hija en medio de la crisis que generó el corralito. En eso estoy.
Entrevista de Patricia Espinosa


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