- ámbito
- Edición Impresa
La maldición de los bonos Brady
En los road show que hizo tanto en Europa como en los Estados Unidos, el ministro de Economía, Amado Boudou, recibió la misma consulta: ¿por qué los Brady no fueron incluidos en el canje? El funcionario no dio mayores explicaciones, pero aseguró que el Gobierno abordará una solución no bien se cierre esta operación.
En realidad, de las tres clases de bonos Brady que se emitieron hace 18 años, sólo dos quedaron afuera: el Par y el Discount. Esto se debe a que ambos tienen su capital garantizado por bonos del Tesoro norteamericano. Ello implica que al vencimiento los inversores cobrarán la totalidad del capital invertido, pero cuando el Gobierno cobre del Tesoro norteamericano en 2023. Pero lo que en realidad traba la operación es que ese pago previsto para 2023 tiene una orden de embargo por parte del juez neyorquino Thomas Griesa, ante una presentación realizada por NML Capital, uno de los principales vehículos de inversión del fondo buitre Elliot. En cambio, sí entraron otros Brady, los FRB (Floating Rate Bonds), ya que no tienen garantía de capital y por lo tanto no quedaron sujetos de esta medida de la Justicia norteamericana.
Estos títulos le deben su nombre a Nicholas Brady, el impulsor del plan para solucionar el problema de la deuda en casi toda América Latina.
Canjeados
Hoy estos bonos ya prácticamente dejaron de cotizar porque la mayoría de los países emisores como Brasil o México terminó canjeándolos por otro tipo de títulos, sin garantía del Gobierno norteamericano. El caso argentino es distinto. Los Brady se dejaron de pagar en 2001 y entraron en default junto al resto de la deuda. En 2005 participó del canje sólo una parte.
También quedaron fuera del canje, tal como había sucedido en 2005, las Letes (Letras de Tesorería de corto plazo emitidas por el Gobierno de la Alianza en 2000 y 2001). Si bien en su momento la actual administración canjeó algunas series (junto con los Préstamos Garantizados), otras quedaron afuera. Tampoco se las incluyó en esta reapertura ni hubo explicaciones.
Si bien el monto de la deuda a reestructurar llega a u$s 20.000 millones, la caída del euro contra el dólar en las últimas semanas también habría disminuido este número en relación con la última cifra informada por el Ministerio de Economía. La disminución del monto total a reestructurar implica que el grado de aceptación puede ser elevado artificialmente. Si, por ejemplo, el total de bonos que ingresa tiene un valor nominal de u$s 13.000 millones, la aceptación sobre los u$s 18.200 millones de esta transacción equivale a un 71,4%. Pero esa misma cifra calculada sobre u$s 20.000 millones arroja sólo un 65%. En otras palabras, al monto de deuda que quede sin reestructurar en esta nueva etapa habrá que agregarle lo que directamente no fue ingresado al canje, elevando el monto total de títulos que continuará en litigio.
«Los inversores que ya consiguieron medidas cautelares de Griesa en Nueva York ni siquiera analizaron el canje ofrecido por la Argentina. Seguirán esperando y están seguros de que en algún momento podrán embargarle activos al país para recuperar la inversión que realizaron más los intereses y los punitorios, que en muchos casos ya duplican el nivel de deuda original», explican en Wall Street.
La caída de los títulos públicos en dólares y de los cupones PBI juega en contra, por otra parte, para conseguir un grado muy alto de aceptación en el canje de deuda en marcha. La caída de más de u$s 6 que ya sufrió el valor de mercado de la oferta es un elemento negativo para atraer a bonistas que pueden estar indecisos entre aceptar la oferta o seguir litigando. Esta reducción en el valor de la operación ya impactó en el cierre de la «fase temprana» del canje.

