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¿La política industrial es efectiva? (2O round)
Vuelve a recalentarse el debate económico en la Argentina. En enero, las diferencias estuvieron centradas en el uso de las reservas del BCRA por el Gobierno y la raíz monetaria de la inflación. Ahora, el foco se sitúa en la política industrial del Gobierno. En un rincón están los economistas de FIEL, a los que se sumó José Luis Espert. En el otro se encuentra la ministra Giorgi, a quien sin dudas saldrán a defender las voces principales de la heterodoxia doméstica. Proteger o no proteger, ésa es la cuestión. Se trata sólo del comienzo del debate. El tema amerita su análisis en profundidad, y desde todos los ángulos.

Antes de ir a los aspectos de fondo, algunas aclaraciones. La ministra se refiere a la apertura indiscriminada de los 90. En verdad, los aranceles son ahora los mismos que entonces y relativamente elevados respecto de lo que se observa en otros países. Lo que hubo en los 90 es atraso cambiario generado por una inconsistencia entre la política fiscal y el tipo de cambio fijo. Muchos economistas ortodoxos y heterodoxos acordarán que el adelanto cambiario es mejor que el atraso. Pero ello no es una política activa. Es una política horizontal que favorece a todas las actividades transables por igual.
Desde 2002 en adelante se han acentuado las políticas selectivas por la vía de barreras no arancelarias y otras medidas de fomento impositivas y crediticias. Además, se castigó a las exportaciones con retenciones y trabas cuantitativas, pero más a las del sector agropecuario y energético.
Problemas
Vale destacar que la literatura especializada ha destacado algunos problemas de la política selectiva: muchas veces se eligen «perdedores» (es decir, sectores que necesitan de la asistencia pública en forma permanente) o se dan subsidios a inversiones que se hubieran realizado de todas maneras.
Más allá de algunos problemas con los datos que presenta la ministra (por ejemplo, no coinciden los datos de empleo formal industrial con los del SIGYP, ni es adecuado comparar medidas de valor agregado por trabajador en dólares corrientes, ni citar cifras de inversión agregada), lo importante es repasar la discusión de fondo.
La información oficial muestra que la cantidad de obreros ocupados en la industria es hoy menor que a finales de los 90. También muestra que el empleo formal en la industria aumentó (probablemente no en obreros por lo dicho anteriormente) pero menos que en el resto de la economía. También la información oficial muestra que los salarios pagados en la industria tuvieron una evolución similar a los del comercio y la construcción. Defender las políticas del Gobierno en ba-se a los beneficios para los trabajadores de un sector es claramente opinable. Y ya sabemos que los consumidores no salen muy bien parados cuando se restringe la oferta mediante medidas para-arancelarias.
La productividad laboral aumentó después de 2003 a una tasa inferior a la de la década anterior, pero ahora con expansión de empleo y actividad. La tabla adjunta permite elegir distintos períodos para comparar, pero el desempeño es claro.
Las exportaciones de manufacturas de origen industrial han aumentado desde 2003 en adelante, pero a tasas inferiores a las observadas en décadas anteriores. Un cálculo aproximado para Uruguay muestra incrementos parecidos a los observados en la Argentina desde 2002 en adelante. Esto sugiere que hay factores ajenos a la política doméstica que pueden explicar esa evolución en las ventas al exterior.
A partir de estos datos concluimos que en un contexto muy favorable de tipo de cambio real y de crecimiento de la economía de Brasil medida en dólares era razonable esperar resultados más contundentes en producción y empleo. Creemos que la evidencia es clara al respecto, y que -tal como señalamos en nuestra nota anterior- existen otros factores que inhibieron a las empresas para aprovechar más plenamente un ambiente externo tan favorable.


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