7 de octubre 2022 - 00:00

La postergación de las mujeres y de una minoría religiosa

París - La ONG Iran Human Rights denunció que la represión en Zahedán se desencadenó después de que surgieran acusaciones de que un jefe de policía de la ciudad vecina de Chabahar había violado a una adolescente de 15 años perteneciente a la minoría sunita baluchi.

Los enfrentamientos se produjeron en un clima de tensión muy especial y vinculado con la precaria situación de las mujeres en el país. Irán se ve sacudido desde hace más de dos semanas por una ola nacional de protestas por la muerte de Mahsa Amini, una mujer de 22 años de origen kurdo, que falleció tres días después de haber sido detenida por haber violado el estricto código de vestimenta de la República Islámica, que obliga a las mujeres a llevar el velo.

Durante el “viernes sangriento de Zahedán”, las fuerzas de seguridad “reprimieron con sangre” una manifestación que estalló después de las oraciones, afirman varias oenegés, según las cuales las imágenes de heridos de bala, la política de discriminación y represión de Teherán en la región es reveladora.

Los enfrentamientos tuvieron lugar en Zahedán, principal ciudad de la provincia de Sistán Baluchistán, en el sudeste y cerca de las fronteras con Afganistán y Pakistán. Chabahar se ubica en la misma región. Sistán Baluchistán es una de las regiones más pobres y hogar de la minoría baluchi, que en su mayoría adhiere al islam sunita y no al chiismo dominante en Irán.

Discriminación

Militantes y oenegés lamentan desde hace tiempo que la región sea víctima de discriminación por parte del poder religioso chiita, con un número desproporcionado de baluchis muertos en enfrentamientos con las fuerzas del orden cada año o condenados y ejecutados.

Amnistía Internacional estima que al menos 19% de todos los condenados a muerte el año pasado eran miembros de la “minoría étnica baluchi, que representa 5% de la población iraní en su conjunto”.

La acusación contra el jefe policial fue hecha pública por el responsable de la oración del viernes en la ciudad de Rask, al sur de Zahedán, provocando protestas que luego se extendieron a la principal ciudad de la región.

El 30 de septiembre, después de la oración, informó Abdolá Aref, director de la ONG Baluch Activists Campaign (BAC), los manifestantes se dirigieron a la comisaría local para protestar y gritaron consignas contra el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.

Algunos lanzaron piedras y las fuerzas de seguridad respondieron abriendo fuego, destacó Aref, señalando que “muchas personas fueron abatidas por francotiradores, incluidas personas que no habían participado en las manifestaciones”.

Las manifestaciones se extendieron por toda la ciudad y se dirigieron contra otras comisarías.

El número de muertos por la represión aumentó debido a la escasez de sangre, vendas y otros suministros médicos.

“Muchas personas no fueron al hospital por temor a ser detenidas. Prefirieron curarse en casa, pero después perdieron mucha sangre”, subrayó Aref.

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