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La princesa que quería su status
Rapunzel ciñendo a su Robin Hood salvador en «Enredados», la nueva producción de la Disney.
«Enredados» lleva como protagonista a la menos popular de las heroínas de los hermanos Grimm, la princesa Rapunzel, destino que quizá comparta en la genealogía Disney pese a los no pocos atractivos de esta nueva producción. Sin la picardía, la valentía o inclusive la mala suerte de muchas de sus congéneres, la pilosa Rapunzel es menos una protagonista per se como una pieza de negociación entre dos clases sociales, de cuya resolución depende el mantenimiento del orden. Rapunzel es la princesa que quería vivir, pero en su propia clase.
Es bien sabido que, en el maravilloso mundo de los hermanos Grimm, los privilegios de sangre y status son determinantes: las madrastras y demás familiares no «naturales» siempre son malignos; los pobres sólo se redimen cuando un beso, un zapatito de cristal o algún otro procedimiento mágico les permite ascender de status, y los feos (como el patito) sólo alcanzan la plenitud de su esencia cuando el cisne interior deja atrás su proletaria apariencia. También es maravilloso cómo Disney, que continúa adaptando estos relatos que no pasarían el filtro de ningún Inadi, se las ingenia para suavizarlos y tornarlos aceptables para los criterios modernos.
La historia de este nuevo film es la de una apropiación de persona pero, a diferencia de lo que suele comprobarse en la vida real, de un pobre hacia un rico. La villana en cuestión es una bruja, la Madre Gothel, que rapta en su cuna real a la princesa Rapunzel, sumiendo en la desesperación a su padres los reyes.
La recién nacida, cuya cabellera crecerá hasta alcanzar los 25 metros, posee en ella los poderes de una flor mágica que transmite la juventud eterna, y es por ello que Madre Gothel la encierra en una torre, aislada del mundo y despojada de su identidad real (en los dos sentidos de la palabra). El justiciero a pesar suyo será un bandido, Flynn Ryder, quien al aparecer por azar en la torre terminará enamorándose de la bella Rapunzel y obrando como una especie de Robin Hood a la inversa.
«Enredados» representa un punto intermedio dentro de la estética Disney de los últimos años, dominada hoy por el faro creativo de Pixar. Así como el largometraje anterior, «La princesa y el sapo», había sido un intento por retornar a la tradición más ortodoxa del estudio, inclusive desde el punto de vista de la técnica de la animación, la nueva película recurre en cambio, para definir a sus personajes, a ciertos rasgos de humor contemporáneo, aunque sin llegar nunca a romper con los moldes del «magic kingdom» (como había hecho por caso en la más moderna «Aladino»). Los habituales personajes secundarios, replicantes de los protagonistas, son en este caso un camaleón y el caballo de Flynn Ryder, cuya picardía lo lleva a veces a convertirse en el centro de atracción.
Finalmente, un avance técnico muy notable es el empleo que hace «Enredados» del 3D: sin llegar a ser invasivo, le da gracia y relieve a algunos pasajes, aunque nada perdería el espectador que viera el film en el clásico formato plano.


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