8 de julio 2011 - 00:00

La realidad del mercado es la misma historia con otra ropa

Estamos un par de años más tarde observando nuevamente la realidad y, con todo el debido respeto, me parece que es la misma vieja historia que se repite, pero con otra vestimenta.

¿Por qué? Los países desarrollados han estado acumulando desproporcionadamente durante más de una década ya sea deuda privada o pública para continuar financiando su estándar de vida y utilizando la inflación de sus activos vía bajas tasas de interés donde la impresión de papel billete ha sido el elixir para hacer sentir a los ciudadanos que ellos están ahorrando. Esto en efecto no es normal en un contexto de largo plazo; o al menos, no debería serlo.

El ahorro es una combinación, ya sea de ganar más o de gastar menos. Puesto simplemente: ¡reservando el dinero cada mes y tal vez restringiendo nuestro apetito para no gastarlo todo! Esto es lo que llamaría «normal». En los países desarrollados la productividad aumenta, pero no la producción, todo se ha convertido en consumo y servicios pero no en empleo y de cómo mantener la fiesta andando, pero se nos va acabando la música y el caramelo comienza a saber amargo a medida que pasa el tiempo.

Reservas ilógicas

Los mercados emergentes son también la misma vieja historia, excepto que ahora éstos han exportado tanto comparado con su consumo interno que ellos de hecho han «acumulado» reservas absurdamente ilógicas de efectivo. ¿Qué han hecho para crecer? Principalmente, exportar. ¿A quiénes? Principalmente a los países desarrollados. Y ahora, sin embargo, los países emergentes se quejan de los países desarrollados por su insolvencia y su tendencia a imprimir, lo que naturalmente redunda en una mayor depreciación de sus propias reservas de divisas.

Parecen sin embargo olvidar la pregunta del millón de dólares: ¿cómo seguirán ellos exportando si aquellos países desarrollados no tienen el dinero para comprar? La mayor parte de las economías de mercados emergentes son completamente incapaces de comprar internamente su propia producción, si tuvieran que sustituir un menor consumo por parte de las economías desarrolladas (por ejemplo, si se induce a que las economías desarrolladas ahorren). ¿Lo llama usted normal cuando las economías emergentes han tenido sus mejores desempeños económicos en su historia pero apenas han desarrollado su capacidad interna para gastar comparado con lo que ahorran?

A propósito, no nos engañemos: la mayor parte de los ahorros en los mercados emergentes son públicos, no privados: si el gasto público es un problema en las economías desarrolladas, pueden estar seguros que el ahorro público también será un problema en las economías emergentes.

¿Así es que tenemos problemas de ahorrar aquí y gastar allá? ¿Qué más es nuevo? ¿Y es normal tener ambos lados fallando en encontrar una solución lógica para sus desequilibrios?

Pienso finalmente que las cosas volverán a revertir al promedio y el mercado y la sociedad nos forzarán a encontrar un nuevo equilibrio.

¿Cómo invertir en este período de vieja anomalía? ¿Qué les parece la fórmula anticuada: con prudencia y paciencia? Cuando pienso en una nueva paradoja siempre caigo de regreso en la misma conclusión: los fundamentos no cambian.

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