21 de enero 2010 - 00:00

La Sandra Mihanovich pop se impone a la más reflexiva

Sandra Mihanovich interpreta con emoción y convencimiento las canciones de Eladia Blázquez, pero su voz luce mucho mejor cuando canta los temas pop de sus comienzos.
Sandra Mihanovich interpreta con emoción y convencimiento las canciones de Eladia Blázquez, pero su voz luce mucho mejor cuando canta los temas pop de sus comienzos.
«Honrar la vida + clásicos». Sandra Mihanovich (voz). ConJ. Losoviz (contrabajo), P. Villarejo (cello), E. Díaz (batería, percusión), E. Ferreyra (bandoneón), V. Mihanovich (teclados), N. Sánchez (guitarra) y A. Devries (teclados, dir. musical). (Teatro Maipo, los martes).

Este fragmento de la historia artística de Sandra Mihanovich arrancó en el año 2008, cuando -pese a venirlo planeando desde mucho antes- estrenó en el teatro Maipo el espectáculo «Eladia, quiero», íntegramente dedicado a las canciones de Eladia Blázquez. La propuesta fue exitosa y se plasmó en un disco que vio la luz sobre finales de 2009, y que reúne muchas de las composiciones de la prestigiosa artista desaparecida. No solamente tangos -el género en el que Blázquez más trabajó en la última etapa de su vida- sino también boleros, baladas, candombes, etcétera. Con la dirección de su fiel Alejandro Devries, la cantante recorrió títulos muy populares y otros menos conocidos: «La mirada», «Siempre se vuelve a Buenos Aires», «Somos como somos», «Argentina primer mundo», «El corazón al sur», «Qué buena fe», «Candombe de dos orillas», «Sueño de barrilete», «A un semejante», «Honrar la vida» y unos cuántos más.

Diferencias

Ese disco es ahora la base de la nueva serie de shows que Mihanovich está presentando en la misma sala. Con una salvedad: dividido en dos partes, el espectáculo ofrece ahora una primera mitad dedicada a Eladia y los temas del álbum y una segunda en la que repasa -con ciertos cambios en el acompañamiento- algunas de las canciones que la hicieron muy conocida en otras épocas, como los infaltables «Puerto Pollensa» o «Soy lo que soy». Conviven así dos Sandras diferentes: la de la canción más reflexiva e incluso nihilista del discepoliano repertorio de Blázquez, con la de los temas pop que, en los comienzos de su carrera, la acercaron al movimiento rockero.

Cada uno tendrá sus preferencias. En nuestro caso, nos inclinamos por la más leal a su historia anterior, porque creemos que en el canto desgarrado, en la exigencia de su garganta, en la expresión más rítmica, es cuando crece como intérprete. Otros, sin embargo, elegirán a la Sandra más «adulta» -hasta con un evidente cambio de look- que repasa con convencimiento y emoción las canciones de su amiga fallecida. Pero, en cualquier caso, está claro que, si nos concentramos en cuestiones técnicas, se trata de una de las voces más sólidas de nuestra música popular; y la buena asistencia de público que están teniendo estos shows de los martes parecen confirmalo.

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