12 de octubre 2016 - 21:48

"La vida es la búsqueda de la canción perfecta"

MIGUEL CANTILO VUELVE ESTE SÁBADO CON SU CLÁSICO PROYECTO "PUNCH"

Cantilo. “Cada mañana me despierto cantando una canción distinta”.
Cantilo. “Cada mañana me despierto cantando una canción distinta”.
Miguel Cantilo, porteño de 66 años, es uno de los referentes centrales del alguna vez llamado "rock nacional". Lejos de la cresta de la ola y de las movidas comerciales, sigue en actividad plena. Comenzó su año tocando en Bariloche y Epuyén, hizo algunos shows con su banda en Buenos Aires y arrancó con la grabación de un nuevo álbum de estudio, con Pedro y Pablo. Luego inició una gira por España que termina en estos días. El sábado, volverá sobre su proyecto "Punch" con un concierto gratuito en La Usina del Arte. El domingo 23 actuará en trío con Patricio Prado y su hijo Sufián Cantilo en Bragado, y otra vez con "Punch", el 3 de noviembre, en el Teatro Roma, de Avellaneda. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Se sigue sintiendo un artista del "rock nacional"?

Miguel Cantilo: Me gusta situarme en el lugar de traductor de estados, paisajes, momentos, convicciones que se puedan extraer de experiencias vitales y volverlos poesía, melodía, ritmo. O sea, sigo siendo un escritor de canciones como siempre. No me identifico tanto con el rótulo "rock nacional"; me suena nacionalista y anacrónico. Sí me siento parte del rock argentino, que es único en el mundo por su carácter, identidad y contenido.

P.: ¿Y cómo ve el presente de este género?

M.C.: Adhiero a la visión de rock and roll que tenía Pete Townshend y sintetizaba en esta frase: "Si grita pidiendo verdad antes que ayuda, si se compromete con una valentía que no puede estar seguro de que realmente tiene, si se pone de pie y admite que algo está mal pero no insiste en pedir sangre, entonces es rock and roll". Me crié con esa noción y me da la sensación de que lo que vino sucediendo con el tiempo no es exactamente eso. Pero más allá de que me gusten o no, las cosas sucedieron así y el pop/rock y sus derivados son lo que hay.

P.: Hay un adagio que dice "finalmente, todo se resuelve en una buena canción"... ¿Coincide con esa idea?

M.C.:
Sí, por supuesto. Todas las mañanas me despierto cantando una canción distinta. Los que conviven conmigo piensan que hablo solo pero en realidad estoy cantando entre dientes alguna vieja canción o recitando un poema. Hay una frase de un tema de Paul McCartney que dice: "Siempre volvemos a las canciones que cantábamos en un momento dado". Y esa es mi vida: escribir nuevas, recordar viejas. La vida es la búsqueda de la canción perfecta.

P.: ¿Le gusta que lo ubiquen entre los próceres del rock argentino?

M.C.:
Me causa gracia. Aquí en España no saben lo que quiere decir prócer; cuando les tengo que explicar por qué alguien lo menciona, me parece grotesco.

P.: En su próximo concierto en Buenos Aires volverá sobre su grupo Punch. ¿Qué tuvo de particular aquello?

M.C.:
Fue una verdadera experiencia grupal. Veníamos de vivir en comunidad varios años y aplicamos muchos de los códigos comunitarios al trabajo de un conjunto musical. Le entregamos largos meses de ensayo al proyecto, por primera vez nos profesionalizamos y disfrutamos enormemente al hacerlo. El grupo con el que toco hace varios años ya reúne las condiciones necesarias para interpretar esos temas y rendirles homenaje, quizá porque también tenemos una sincronía parecida que se ha venido dando desde 2006.

P.: También está grabando con Jorge Durietz en su otro proyecto, Pedro y Pablo.

M.C.:
La amistad con Jorge es fundamental para volver sobre eso. Teniendo tantas experiencias inolvidables, tantos gustos en común y tanto afecto de la gente, no tenía sentido haber dejado pasar tantos años sin entrar a un estudio y grabar un álbum nuevo. Al fin nos decidimos y estamos en plena tarea. No es lo mismo que grabar en vivo, que es lo que estuvimos haciendo en los 90, en 2009 y en 2015. Grabar en estudio material nuevo es un desafío.

P.: Pese a ser parte de los grandes nombres del rock argentino, nunca fue parte del "reviente" que en muchos casos acompañó a sus cultores. ¿Qué lo llevó a ser diferente en ese aspecto?

M.C.:
Es un tema delicado que me ha gustado abordar en mis libros detalladamente. En "Chau Loco" y en "Qué circo" sobre todo. Ahora sólo puedo decirle que tuve mi dosis de reviente hasta que sentí que no me servía y puse el pie en el freno, pero es una cuestión de elección personal.

P.: Usted acaba de perder un juicio, en segunda instancia, en su demanda contra la editora Melograf por los derechos de buena parte de sus canciones emblemáticas. ¿Cómo sigue ese tema y cuánto lo afecta en sus derechos económicos?

M.C.:
Hay cosas que los cantautores debemos denunciar, más allá de que tengan o no apoyo de la Justicia. Una de ella es el latrocinio al que han venido siendo sometidos los artistas por parte de los sellos grabadores y, en este caso, por sus aliados inmediatos, las editoriales musicales. Aquellas editoriales con las que firmé a los 20 y 30 años respectivamente me obligaban, luego de grabar el disco, a ceder de por vida una parte de los derechos, bajo amenaza de no publicarlo si no lo hacía. Una miserable extorsión que hoy día me cuesta el 25% de los derechos de mis canciones más difundidas, a cambio de nada. Dos jueces me dieron la razón, el doctor Güerri y la doctora Uzal, pero la oposición de otros dos, la doctora Míguez y el doctor Köliker Frers, me valió la pérdida del juicio, el pago de costas y la imposibilidad de apelar ante la Corte Suprema por razones jurídicas. Así las cosas en nuestro país. La Justicia falla a favor de las empresas y en mi caso unos vampiros parasitarios me seguirán comiendo la cuarta parte de mis derechos de autor hasta setenta años después de mi muerte.

P.: ¿Qué lo conmueve especialmente en la música de estos tiempos?

M.C.:
Me apasiona viajar y escuchar las músicas de los lugares que visito. En Barcelona di un par de conciertos frente al Mediterráneo, escuchando a Led Zeppelin. Mientras tenga salud y garganta seguiré haciendo mi trabajo, y como en la Argentina no es demasiado el que tengo, y muchas veces pierdo en vez de ganar, prefiero rebuscármelas afuera.

P.: ¿Cuáles son los temas que lo llevan hoy a escribir?

M.C.:
Los mismos de siempre: el amor, lo trascendente, la gente, los paisajes, la naturaleza, la búsqueda de paz interior y de justicia entre los hombres y mujeres.

Dejá tu comentario