31 de diciembre 2008 - 00:00

Las chicas ahora los quieren con colmillos

Fiel a su base literaria, en «Crepúsculo», primera entrega de la saga de la escritora Stephanie Meyer, el vampirismo es una excusa para un romance adolescente que logra generar suspenso.
Fiel a su base literaria, en «Crepúsculo», primera entrega de la saga de la escritora Stephanie Meyer, el vampirismo es una excusa para un romance adolescente que logra generar suspenso.
En «Crepúsculo», el vampirismo es sólo una excusa para el romance adolescente. En sí mismo, este detalle no tiene nada de malo, ¿o acaso alguna vez el vampirismo no ha sido excusa para algún romance de cualquier tipo?. Por otro lado, la falta de rigor con la que se soslayan las normas básicas del vampirismo (colmillos, estacas, crucifijos, luz solar, etc, etc.), tampoco es un defecto específico de esta película, cuyo único pecado en este sentido es haber sido fiel a la novela en la que se basa, es decir la primera entrega de la saga de la escritora Stephanie Meyer.
El asunto es que, dado el potencial de la historia, la pelicula es mas tímida que sus personajes (lo que casi es mucho decir). Sobre todo teniendo en cuenta que la talentosa directora Catherine Hardwicke se hizo conocer con la audaz «A los trece», gema del cine indie sobre las andanzas sexuales de niñas que, por la edad a la que se refería el título, no requerían de ningún novio vampiro para aterrorizar al público adulto.
Quizá sea por eso que el fuerte de esta película no sean ni las escenas realistas de las angustias, comprensibles, de una adolescente que debe mudarse a otra ciudad y otro colegio, típicas de una novela rosa teenager, ni tampoco los momentos de acción sobrenatural con luchas entre vampiros buenos y malos. Sin dudas, el punto exacto en el que la directora logra morder la historia es el punto intermedio entre lo realista y lo fantástico: una chica común y corriente debe asumir que su compañero de banco de la clase de biología, el chico que le gusta, es un vampiro.
Cada detalle que lleva a este momento, o que deriva del mismo, es lo que mantiene el interés y justifica el precio de la entrada, especialmente en la esforzada interacción de la pareja para funcionar socialmente, lo que aún dentro de los absurdos parámetros de vampirismo light de la novela, está muy bien narrado en términos cinematográficos. La presentación de la novia humana a la familia de lejano parentesco con Nosferatu lleva a una gran escena romántica, cuando en la alcoba del Romeo teenager -sin cama, ya que nunca duerme- la pareja escucha «Claro de luna» de Debussy.
Pero para el primer encuentro entre vampiros buenos y malos hace falta media película, y encime ocurre en un artificioso partido de béisbol familiar. La acción sobrenatural se toma demasiado tiempo y, en verdad, nunca llega a asustar. En cambio el romance sobrenatural, o sea el sostén de esta historia, sí genera suspenso, fundamentalmente gracias a la muy buena actuación de la heroína Kristen Stewart, mucho más peligrosa que su partenaire Robert Patinson. Falta más terror, algo de humor y ritmo, sobre todo en el primer tercio del film. Al final, es la tensión sexual típicamente vampírica lo que salva la primera parte de una saga que, necesariamente, mejorará en las próximas entregas.
D.C.

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