La galería Vasari finaliza el año con una breve exposición, "Rómulo Macció. Pinturas 2015". Allí están las últimas cinco grandes obras que pintó el artista antes de su muerte. La pintura más elocuente muestra la levedad de una rosa cuyas ramas clavan sus espinas sobre el árbol al que se aferran. La imagen más rotunda y pregnante es la de un inmenso ramo de calas; la más poderosa, representa unas nubes oscuras cuyas circunvoluciones evocan las de un cerebro. En el mismo cuadro hay un ojo que habla de la mirada surreal junto a los labios rojos de Man Ray encerrados en un cuadrado, artista que Macció solía citar. Luego, el lirismo de una orquídea y una boca femenina, se contrapone a la imagen de una flor, una rosa color fucsia flotando en la estridencia del espacio amarillo junto al rigor abstracto de un rectángulo negro.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Las formas y colores aparecen fuera de su cotidianeidad. Macció pinta visiones que han pasado por el tamiz de la memoria. Acaso la distancia que separa a Buenos Aires de los grandes centros del arte o, el permanente ir y venir del artista, volvió tan perceptiva y distinta su mirada. El ejercicio de la evocación coloca las cosas en la lejanía, en un lugar sublime y distante. Al igual que en la cita final de «El nombre de la rosa» de Umberto Eco, donde dice que de la rosa que se marchita sólo nos queda su nombre, Macció pinta una flor que remite al concepto de la rosa y así, su extensa simbología abre paso a las múltiples interpretaciones del espectador.
Dejá tu comentario