1 de diciembre 2010 - 00:00

“Las distintas facetas de Tolstoi atraían a todo tipo de personas”

Ancira: «En el prólogo a mi traducción de ‘Diarios’ y ‘Correspondencia’ busqué no cargar las tintas en la erotomanía, la religiosidad, la literatura o la filosofía, sino mostrar a Tolstoi en toda su compleja figura».
Ancira: «En el prólogo a mi traducción de ‘Diarios’ y ‘Correspondencia’ busqué no cargar las tintas en la erotomanía, la religiosidad, la literatura o la filosofía, sino mostrar a Tolstoi en toda su compleja figura».
«Me encantó invertir 10 años de mi vida en la tumultuosa obra de Tolstoi, y podría dedicarle muchos años más», dice la filóloga y traductora mexicana Selma Ancira, que reside en Barcelona y pasa buena parte de su tiempo entre Moscú y Yásnaia Polaina, encerrada en la famosa «habitación de acero» del Museo Tolstoi, rodeada de más de un millón de páginas manuscritas del autor de «Guerra y paz». En su breve visita, para participar del encuentro «Tolstoi 100 años» en la Biblioteca Nacional, dialogamos con la premiada investigadora.

Periodista: ¿Es cierto que la muerte de Tolstoi fue el primer acontecimiento mediático del siglo XX? ¿Que en la estación de tren donde está muriendo a los 82 años se llena de periodistas, que el zar pidió estar informado al momento de lo que sucede, y que a Sofía, su mujer, sólo la dejan mirar por una ventana?

Selma Ancira: En un documental que traje de Rusia se ve todo eso. Sofía mirando por una ventana a su marido agonizando. Los periodistas rodeando el lugar. La huida por problemas con su mujer es conocida. Finalmente baja en la estación de Astápovo, en la estepa, porque tiene neumonía y 40 grados de fiebre. El jefe de la estación le deja su habitación. Tolstoi intenta que nadie sepa dónde está. Pero empiezan a llegar periodistas de todo el mundo que instalan casitas improvisadas con aparatos de telegrafía. Es un gran acontecimiento mediático porque en todas partes están pendientes de la respiración de Lev Tolstoi.

P.: Eso había ocurrido con héroes y líderes políticos, pero con muy poco escritores, por ejemplo con Victor Hugo.

S.A.: Mucho antes de su final, los diarios anuncian que Tolstoi va a salir de Moscú hacia Yásnaia Polaina y la estación de trenes se puebla de una muchedumbre que va a verlo partir. Tenía ya muchísimos seguidores, admiradores y fieles.

P.: ¿Eso se debía a sus ideas políticas anarquistas, a ser visto como un gurú o a la trascendencia de su obra literaria?

S.A.: No veo correcto separar al escritor, al pensador, al pedagogo y al humanista. Su figura compleja, contradictoria, desmesurada, polifacética, conquistó dentro y fuera de Rusia a multitud de seguidores. Diez años antes de su muerte Yásnaia Polaina, donde vivió, se había vuelto lugar de peregrinación, donde iban quienes querían saber de su filosofía, seguidores de su obra literaria como Rilke o Pasternak, pintores que querían aprender de sus ideas del arte, compositores como Alexander Goldenweiser que iban por la música. Las distintas facetas de Tolstoi atraían a distinto tipo de personas.

P.: ¿Qué interesa hoy de Tolstoi: su religiosidad cercana a la new age, el ecologismo, la no violencia, el anarquismo liberal?

S.A.: Una respuesta la ofrece la cantidad de sus libros que están saliendo en el mundo entero. No sólo de «Resurrección», «Ana Karenina», «Guerra y paz» y el resto de sus obras literarias, sino textos como «Mi confesión», testimonio de la crisis espiritual que lo embarca en una búsqueda personal de valores morales y sociales, «El reino de Dios está en vosotros» o «El poder y las tinieblas». Se siguen reeditando las novelas pero comienzan a aparecer los tratados filosóficos y religiosos que no se habían traducido. Eso dice que Tolstoi sigue vivo.

P.: Además, es muy curioso: un conde que viste como un mujic, un erotómano que se acuesta con gitanas y prostitutas, se casa con una mujer muy joven con quien tiene 13 hijos para luego proponer la abstinencia sexual y el vegetarianismo. ¿Qué la llevó a invertir 10 años investigando sus manuscritos en Rusia?

S.A.: Justamente, el camino espiritual que recorre. Cómo de ser carnívoro, fumador, alcohólico, jugador, cazador, aristócrata abandona todo eso. ¿Qué lleva a un hombre que disfruta del espectáculo de la guerra a recorrer un camino que lo conduce a promover el pacifismo, no sólo a no beber sino a fundar una sociedad antialcohólica, a defender a todos los seres vivos y convertirse al vegetarianismo? ¿Qué fue lo que llevó a aquel joven impetuoso a convertirse en esa especie de apóstol? Eso fue lo que traté de rastrear en sus diarios y en sus cartas, en «la prosa íntima de Tolstoi» , y 10 años fueron pocos.

P.: ¿Qué encontró como motivo de esa transformación?

S.A.: Tenía una conciencia terriblemente agudizada y una profunda hipersensibilidad. Cuando toma conciencia de que el mundo vive envuelto en mentiras, cambia. A mí me deslumbran sus contradicciones. Hay quienes lo ven como un viejito moralista que alecciona, y él vivía dándose la cabeza contra la pared y eso le permitió crecer. Es lo que intenté rastrear en los 45 tomos de prosa íntima, de los 90 volúmenes que tiene la obra completa de Tolstoi. Me interné en los 45 volúmenes de diarios y cartas para hacer un retrato a escala, porque cuando se sigue su prosa íntima es un autorretrato en movimiento. Se ve cómo pasa del cazador al apóstol. En el prólogo a mi traducción de «Diarios» y «Correspondencia» busqué hacer un retrato que no cargara las tintas en la erotomanía, la religiosidad, la literatura o la filosofía sino mostrarlo en la forma más objetiva que fui capaz para dar acceso a su compleja figura.

P.: La película «La última estación», basada en la biografía de Jay Parini, trata del conflicto entre Sofía y Tolstoi. Ella se había vuelto muy posesiva de su marido y estaba celosa de Chertov, el discípulo del escritor dispuesto a hacerse cargo de su legado, y de quien se llegó a decir que tenía una relación homosexual con el escritor.

S.A.: La de Parini y el director Michael Hoffman es un visión. Todo tiene muchas interpretaciones. Chertov fue amigo de Tolstoi, y tras su muerte a lo largo de los años publicó toda la prosa y los tratados filosóficos. Y finalmente Sofía diría que no creía que Chertov fuera un discípulo tan fiel. Cuando en esa biografía y en la película se habla de la relación conflictiva de la pareja eso es así, pero es una de las lecturas de esa relación. Y en ese sentido me parece parcial.

P.: ¿Las letras rusas no tienen ya la trascendencia que tenían en el pasado?

S.A.: En España no dejan de salir escritores rusos conocidos como Turgeniev, Dostoievski, Chejov, y los de la «época de plata». Creo que hay un boom. Yo traduje a Marina Tsvietáieva, Pushkin, Gógol, Bunin, Nina Berbérova, Pasternak, Ósip Mandelshtam, Bulat Okudzhava, Izrail Metter, entre otros clásicos y contemporáneos. Me gano la vida traduciendo y me falta tiempo para todo lo que puedo publicar. Y a mí no me piden, yo propongo porque no podría traducir algo que no me guste. Creo que se ha mantenido el interés por la literatura rusa y Vasili Grossman es un buen ejemplo de eso.

Entrevista de Máximo Soto

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