Cuatro meses duró el ataque por aire y tierra. Pero Marulanda y sus 47 combatientes, armados con escopetas y fusiles viejos, sobrevivieron y escaparon protegidos por la espesa vegetación para formar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo insurgente comunista que reclamaba una reforma agraria y mayor asistencia social en salud y educación.
Después de medio siglo y 200.000 muertos, el mayor grupo rebelde de Latinoamérica negocia un acuerdo de paz con el Gobierno que podría llevarlo a dejar las armas y convertirse en un movimiento político de izquierda que participe en elecciones. Aunque algunos creen que su discurso marxista y anticapitalista no genera mucho apoyo popular, otros consideran que podrían transformarse en un partido atractivo.
"Democracia, ésa es la palabra clave", dijo Oswaldo Vanegas, un caficultor de 48 años que compraba leche en Gaitania, un humilde pueblo cercano a Marquetalia, el lugar en donde nacieron las FARC y al que sólo se accede a lomo de caballo, bordeando precipicios en las montañas centrales de Colombia. "Si a la gente le gusta el mensaje de las FARC van a tener éxito; si no, no. Tenemos que escuchar el mensaje".
El presidente Juan Manuel Santos, que lanzó la negociación con las FARC en Cuba hace 18 meses, cree que el grupo tiene un discurso demasiado radical para ganar espacio político. "Si evolucionan, se vuelven una izquierda más moderna y racional, van a tener más espacio", dijo. "Si mantienen esas posiciones ortodoxas, fundamentalistas, marxistas leninistas, no creo que tengan posibilidad".
Las conversaciones con las FARC hasta ahora sólo han logrado acuerdos parciales para darle a campesinos pobres acceso a tierras, garantizar la participación en política y combatir las drogas ilícitas. Aún quedan por discutir la compensación de las víctimas, los mecanismos para poner fin al conflicto y que los colombianos refrenden los acuerdos.
Aunque las partes no han revelado detalles de lo acordado por un pacto de confidencialidad, Iván Márquez, el jefe del equipo de negociares de las FARC, se declaró en noviembre satisfecho con la opción política para la insurgencia. "El destino del país depende de la participación de toda la ciudadanía y no de un puñado de privilegiados oligarcas que se han apropiado de él para feriarlo y saquearlo favoreciendo a las transnacionales", dijo.
Después de resistir la ofensiva de Marquetalia en 1964, las FARC comenzaron un proceso gradual de expansión por zonas rurales del país. Lo que el Gobierno consideraba un foco subversivo comunista llegó a ser una aceitada máquina militar con más de 17.000 hombres financiada por el secuestro, la extorsión y muchos denuncian que también por el narcotráfico.
Durante la década de 1990, en su apogeo, amenazó con tomar el poder desde las montañas que rodean la capital Bogotá y otras ciudades importantes. Muchos colombianos no se atrevían a salir de la ciudad por temor a ser secuestrados por la guerrilla.
Pero más de una década de ofensiva de las Fuerzas Armadas, apoyadas por EE.UU., debilitaron al grupo rebelde, que se replegó a zonas montañosas y selváticas. Se calcula que hoy, tras perder a varios comandantes, cuenta con 8.000 miembros.
Los viejos conocidos de Marulanda, que siguió peleando hasta que murió de un ataque al corazón en la selva a los 77 años, dicen que ya casi no reconocen a las FARC de hoy porque fueron corrompidas por la violencia y el narcotráfico. Creen que se han alejado de los ideales de revolución rural que les dio origen.
La historia de América Latina muestra que los guerrilleros que dejaron las armas e incursionaron en la política tuvieron resultados mixtos.
Un caso de éxito es el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que llegó a la presidencia de El Salvador 17 años después de haber firmado un acuerdo de paz y acaba de resultar electo otra vez por otro período consecutivo.
Incluso en la misma Colombia, antiguos militantes del rebelde M-19 -que firmó un acuerdo de paz en 1990- han sido elegidos como congresistas y alcaldes. Pero también unos 5.000 partidarios de la Unión Patriótica, un partido izquierdista formado en 1985 a partir de un fallido proceso de paz, fueron asesinados por paramilitares.
A pesar de que muchos líderes de las FARC todavía usan una retórica revolucionaria, los expertos creen que empezaron a relajar sus posturas y adaptarse a una realidad más moderna. "Las FARC son más realista ahora a los cambios en Colombia y en todo el mundo. Saben que su marxismo no penetra en los jóvenes como antes por lo que su mensaje ha cambiado", dijo el profesor Mario Aguilera, autor de un libro sobre esa guerrilla.
Pero muchos creen que son un grupo terrorista que no debería entrar en la política.
En Marquetalia, que vio nacer a las FARC, viven actualmente algunas familias -la mayoría en la pobreza extrema- que sobreviven del cultivo de frijol y la ganadería. "Esta región ha sido muy nombrada como donde nacieron las FARC,", dijo Héctor Maldonado, un campesino de 29 años. "Ahora es un territorio en donde sólo hay campesinos con ganas de trabajar".
Maldonado reclamó rutas, electricidad, salud, educación y casas dignas, como lo hicieron Marulanda y sus seguidores. "Nos sentimos totalmente abandonados por el Gobierno", afirmó.
| Agencia Reuters |


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