20 de enero 2011 - 00:00

Las puertitas del señor Gulliver en Lilliput

Jack Black, maniatado por los ciudadanos lilliputienses, en esta nueva y modesta versión de «Los viajes de Gulliver».
Jack Black, maniatado por los ciudadanos lilliputienses, en esta nueva y modesta versión de «Los viajes de Gulliver».
«Los viajes de Gulliver» («Gullivers Travels», EE.UU., 2010. habl. en inglés y dobl. al esp.). Dir.: R. Letterman. Int.: J. Black, J. Segel, A. Peet, E. Blunt y otros. 

«Los viajes de Gulliver», el amargo clásico satírico del dublinés Jonathan Swift publicado en la segunda década del siglo XVIII, fue condenado por la historia a transformarse en un cuento infantil que los chicos leyeron aproximadamente hasta mediados del siglo XX, es decir, hasta que apareció la televisión. El cine, con excepción del período mudo, no se ocupó demasiado de él, y ya en la etapa del sonoro la versión más recordada es la animada de Dave Fleisher.

La que se estrena hoy lleva como protagonista a Jack Black, un actor que desde «High Fidelity» y sobre todo «Escuela de rock» ha generado una gran legión de fans, que quizá no encuentre en este nuevo vehículo el más apropiado para seguir disfrutando las ocurrencias de su ídolo. Por cierto, esta es una versión bien logrado en lo técnico, sostenida en una modesta proposición de adaptación, que sólo apunta a que los más chicos pasen una hora y media de diversión en el cine.

El perfil actual del héroe Lemuel Gulliver se acerca más al señor López de «las puertitas» que al de un intrépido aventurero a su pesar en tierra de enanos y gigantes (aunque sólo están aquí desarrolladas las escenas correspondientes a los lilliputienses, con sólo una visita fugaz al mundo opuesto en la forma de una casa de muñecas gigantesca).

Gulliver, un quedado, ocupa desde hace diez años el mismo puesto de cadete en un diario, y está secretamente enamorado de la editora del suplemento de viajes y placer. No viene al caso detenerse en explicar cómo logra que la editora en cuestión le confíe la realización de una nota en el triángulo de las Bermudas. Como cualquier espectador adulto adivina enseguida, esa será la estrategia del film para que desembarque en Lilliput.

Aunque la función exhibida a la prensa fue en 2D, cabe suponer que su versión en relieve agregará algún atractivo adicional a las floridas aventuras de un rey de escaso poder, una princesa desdichada que no ama a su prometido, el soberbio general Edward, y un prisionero que se convierte en el mejor aliado del gigante recién llegado.

Si bien los padres llevarán a los chicos a ver la versión doblada, algunas partes requerirían subtítulos del mexicano. Gulliver le hace decir al general Edward que es un «menso», y éste, creyendo que es un elogio, repite: «Sí, soy un menso, el más menso de los mensos». Y cuando se va, Gulliver le comenta jocosamente al prisionero: «Qué chido que es esto, chaparrón». Cuando se les termina de explicar a los chicos el chiste ya transcurrieron otras varias escenas.

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