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Lechner-Tiempo: un dúo invencible
Sergio Tiempo y Karin Lechner tras su recital en el Colón, con un programa rico en compositores franceses.
El martes pasado, en el marco del Abono Bicentenario del Colón, se produjo un acontecimiento artístico con mucho de celebración familiar: el concierto del dúo Lechner-Tiempo, con un repertorio que incluyó algunos de los caballitos de batalla de ambos, como la «Scaramouche» de Darius Milhaud que abrió el fuego.
Desde el comienzo chispeante de la bella suite del autor francés se pudo advertir en las miradas y las sonrisas de ambos una complicidad fuera de serie, y la capacidad de seguir disfrutando de la música como de un juego, aunque lo que está en sus manos sea ahora una catarata de notas difícil de sortear.
Las «Tres danzas andaluzas» del español Manuel Infante fueron un homenaje a sus abuelos, que solían interpretarlas; en la segunda, «Sentimiento» (vertida con indecible delicadeza) pudieron advertirse deficiencias de afinación en el piano de Lechner, que requirió un ajuste en el intervalo. La primera parte concluyó con la segunda suite de «Dafnis y Chloé» de Maurice Ravel, compositor para el que ambos pianistas parecen tener una especial sensibilidad.
Luego de las «Variaciones sobre un tema de Paganini», magnífica partitura del polaco Witold Lutoslavski, el repertorio francés volvió a hacerse presente a través de dos de los «Nocturnos» para orquesta de Claude Debussy. Siempre es un desafío para un intérprete de teclado evocar la riqueza tímbrica de una orquestación como la de Debussy, pero apoyados en esta transcripción de Ravel y en su prodigiosa ejecución Lechner y Tiempo hicieron olvidar que no se trataba de una obra original para dos pianos.
El cierre del programa fue con otra página esperada por el público: «La valse», de Ravel. La versión presentó variaciones de tempo no escritas y que en un punto desafían el carácter coreográfico de la obra, pero que le otorgan una gracia inaudita y confirman el milagro de dos seres que a veces ni siquiera necesitan mirarse para llevar a cabo sus ideas. Siempre sonrientes ante los aplausos del público (aun cuando fueran inoportunos), los pianistas brindaron tres bises, que pueden pensarse como un tributo a su infancia («Le jardin de Dolly», de la suite homónima de Fauré), y sus raíces culturales argentinas («Michelangelo 70» de Ástor Piazzolla) y venezolanas («Joropo» de Moisés Moleiro), demostrando además que, del impresionismo francés a los ritmos latinoamericanos, nada escapa a la sensibilidad de un hombre y una mujer hechos para y por la música.
Karin Lechner y Sergio Tiempo, pianos. Obras de Milhaud, Infante, Ravel, Lutoslawski y Debussy.
Quinto concierto del Abono Bicentenario. Teatro Colón, 14 de septiembre.


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