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Lo dijo Diego: implacables
El grito de Gonzalo Higuaín, autor de tres goles de Argentina. El delantero pide paso en la historia grande de la Selección.
La Selección argentina obtuvo una victoria inobjetable, con la contundencia que había dado el ausente ante lo nigerianos y dando muestras que si uno se entusiasma, es por lo que el equipo hace dentro del campo y no por el deseo de un fanático de ser protagonista serio del Mundial 2010. La Selección que dirige Diego Maradona fue nuevamente superior al rival de turno y, salvo los primeros quince minutos del segundo tiempo, en ningún momento permitió que Corea llegara a parecerse al rival complicado que en la previa todos creíamos que iba a tener enfrente. El gran trabajo de Mascherano, disfrutando de la soledad en el circulo central, corriendo como a él le gusta, pero sin perder el equilibrio que el sistema le reclama. La entrega que llega a emocionar de Tevez, jugando cuando puede y luchando cuando debe. La electricidad que parece transmitir Lionel Messi cada vez que interviene en el juego, provocando lo que sólo generan los grandes: todos saben que algo va a pasar cuando él agarra la pelota. Y por último, pero no por orden de importancia, Gonzalo Higuaín aportando lo que el equipo espera de él, goles. Pero no sólo provocó tres gritos, «Pipa» formó parte de los mejores diálogos futbolísticos, fue siempre opción de pase y terminó cerrando una tarde consagratoria, que lo deposita entre las figuras del Mundial.
Diego sabe, al menos puertas adentro, que en el plano defensivo hay muchas cosas por corregir, de sincronización, de cómo el equipo retrocede y que si Jonás en 180 minutos vio dos amarillas es porque el oficio de marcador de punta no lo tiene ni lo va a conseguir en pleno Mundial. Y otro punto que preocupa: Argentina fue más que Corea, pero el error garrafal de Demichelis (¿las vuvuzelas no le permitieron escuchar el grito de Romero?) les dio un ánimo a los asiáticos que en una Copa del Mundo muchas veces culmina con los pasajes de regreso a casa. Igual, elijo que nos quedemos con más de la mitad del vaso lleno. La Selección mostró lo que ninguna otra en la máxima competencia: recursos colectivos e individuales para superar a sus rivales de turno, apuesta a atacar sabiendo que lo mejor indudablemente está en la mitad de cancha ofensiva y, lo que despierta aún más esperanzas, hay nombres como los de Di María, Tevez, el mismo Messi que no están ni por asomo cerca de su techo de rendimiento, indudablemente pueden dar más, también por esto la ilusión crece partido tras partido.


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