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Los 60 según un Pynchon magistral

La más reciente novela de Thomas Pynchon, autor famoso por no dar entrevistas y vivir apartado en algún lugar de Nueva York, es un tren que no conviene perderse ya que, como todos los que valen la pena, no hay garantías de que vuelva a pasar. Es el libro más ajeno que ha publicado Pynchon. A diferencia de «El arco iris de la gravedad», considerada su obra cumbre, o de la aclamada «Vinelandia», esta novela es la más amigable para quien no está acostumbrado a su sistema de espejismos paranoides y delirios existenciales. Con una trama definida y un estilo directo, parece ser la primera vez que Pynchon asume que escribe para alguien más, que deja de lado sus monólogos internos y le da una ayuda a su lector.
En «Vicio Propio» el detective privado Doc Sportello debe investigar la misteriosa desaparición de un pujante hombre de negocios. Este protagonista y su trabajo son la excusa para sumergirnos en un mundo que a más de uno le hubiera encantado explorar y que él da muestras magistrales de conocer: la vida en Los Ángeles de los 60. Todo sucede allí. Nada falta y nada sobra en este viaje fantástico donde se mezclan policías corruptos, espías del FBI, mujeres sensuales con más de un secreto, bandas de surfers violentos, pandillas neonazis, hippies drogadictos intentando encontrar el sentido del mundo y un clima social y político agitado por protestas.
«Vicio propio» es una novela para leer cerca de la computadora para buscar los guiños que Pynchon hace a bandas de música y programas de TV de ese entonces, pero también al asesino serial Charles Manson que con su grupo «La Familia» aterrorizó a toda la Costa Este. El relato se ve invadido por un escenario tan sacudido por las drogas, no solo el ácido o la marihuana sino también la droga del poder, y lo que con él puede hacerse, que se corre el riesgo de no prestar atención a la más evidente que es la vida del protagonista, un perdedor obsesionado con resolver un enigma que no lo deja respirar, a quien todos los indicios le dicen que debe dar un paso al costado, pero no puede, es un éxtasis más poderoso que cualquiera que se podría conseguir a fines de los 60 en la vida californiana.
Los personajes tienen el especial encanto de la incertidumbre, salvo Sportello, ninguno está definido, todos pueden ser algo más. Un brutal policía puede esconder a un sentimental nostálgico, una femme fatal ardiente puede traicionarse a sí misma, y por una vez, no traicionar, el gran magnate (que recuerdar al retratado por Francis Scott Fitzgerald) que puede soñar con una ciudad utópica e irrealizable. El humor, los diálogos, la obsesión y el deliro, todo coincide para que este libro atrape desde el principio y no dé tregua. A eso se agrega el inevitable vértigo que Pynchon logra al mostrar lo más oscuro de una época donde se pensaba que todo sería mejor de lo que fue, en definitiva, una brillante sinfonía sobre la debacle humana que es también la de la vida posmoderna.
Pynchon nació en 1937 en Long Islan. De adolescente participaba en concursos literarios. Quiso estudiar Física, pero se alistó en la Marina en plena crisis del Canal de Suez. Al volver se puso estudiar Letras y tuvo como profesor a un tal Vladimir Nabokov. Del mundo universitario saltó a la empresa Boing, donde trabajaba como redactor publicitario mientras escribía su primera novela. Luego de su experiencia corporativa vivió en Nueva York y en México hasta que se radicó durante años en California donde el huracán de la cultura hippie de los 60 lo impactó de lleno y ya nunca volvió a ser el mismo, tal como lo ha dado a entender en sus libros, que se han vuelto de culto.
Milton Merlo


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