25 de abril 2016 - 00:00

Los clásicos de Roberto Carlos no pasan de moda

Ante menos público que en otros tiempos, Roberto Carlos confirmó la vigencia de canciones inolvidables como “Detalhes”, o “La distancia”.
Ante menos público que en otros tiempos, Roberto Carlos confirmó la vigencia de canciones inolvidables como “Detalhes”, o “La distancia”.
Roberto Carlos (voz, guitarra). Con E. Lages (piano, dir. mus.), A. Borba (teclados), N. D'Angelo (batería), D. Ract (bajo), E. Almeida (guitarra), P. Ferreira (guitarra), C. Fortuna (saxo alto), U. Versolato (saxo tenor), J. Berto (trombón), J. Lenhari (trompeta), M. Santos (trompeta) y coros. (Luna Park, 22 de abril).

Roberto Carlos hace mucho que se convirtió en uno de los artistas más importantes de nuestro continente. No es, porque los tiempos necesariamente van hacia otros rumbos y porque siguen apareciendo nuevos artistas, aquel "rey" que vendía cientos de millones de discos en los 60 y 70; y un Luna Park menos lleno que otras veces lo confirman. No es tampoco, hace rato, creador de nuevas canciones que estén a la altura de sus páginas más gloriosas. Ni su garganta está en la plenitud, aunque le sobra oficio y entrenamiento como para suplir cualquier limitación. Habiendo cumplido 75 años estando en Buenos Aires, tiende a conservar y sostener un estilo que lo hizo grande: una orquesta numerosa con aires de San Remo, arreglos algo "cafones" (un poco cursis, traducido del portugués) y cierta complicidad con el público estudiada y memorizada después de tantas horas de escenarios en todas partes.

Acaba de publicar un nuevo álbum, "Primera fila", para el que un productor argentino que es a la vez el "capo" de su compañía disquera a nivel latino, le hizo modificar algunos sonidos y su estilo para volcarlo más al pop actual y lo llevó a Londres para grabar en los míticos estudios Abbey Road; y algo de eso se escuchó incluso en Buenos Aires. Pero nada le importa todo eso a los fans -en su mayoría ya maduros como él- que aman a Roberto Carlos por lo que es su obra más monumental. Y bien que hacen. Podrán decirse muchas cosas. Se podrían encontrar montones de observaciones para hacer. Pero frente a un músico que tuvo alguna vez la inspiración y el talento como para escribir canciones inoxidables que se conservan en la memoria de todos, no queda sino la admiración.

A este brasileño que habla y canta en castellano como si fuera su idioma le debemos -a veces en sociedad con Erasmo Carlos- bellezas como "Emoções", "Qué será de ti", "Cama y mesa", "Lady Laura", "Amigo", "Amada amante", "Concavo e convexo", "Eu te amo, eu te amo, eu te amo", etc. Y hasta piezas de factura más modesta como la superconocida -e inverosímil, al punto de que hasta él se ríe de lo absurdo de la letra- "El gato que está triste y azul", lo ponen en un lugar central en cuanto a la respuesta del público a través del tiempo. Pero si en las canciones mencionadas el cantautor dejó su marca a fuego, hay algunas otras que directamente se ubican con toda justicia y compitiendo en todas las ligas, en lo más alto de la producción del siglo XX de todas las músicas. Roberto Carlos escribió -y volvió a cantar en el Luna Park para placer de todos- "Detalhes", "Desabafo", "Proposta" o "La distancia". Qué más se le podría pedir; con eso tiene crédito para lo que quiera.

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