- ámbito
- Edición Impresa
Los clásicos de Roberto Carlos no pasan de moda
Ante menos público que en otros tiempos, Roberto Carlos confirmó la vigencia de canciones inolvidables como “Detalhes”, o “La distancia”.
Roberto Carlos hace mucho que se convirtió en uno de los artistas más importantes de nuestro continente. No es, porque los tiempos necesariamente van hacia otros rumbos y porque siguen apareciendo nuevos artistas, aquel "rey" que vendía cientos de millones de discos en los 60 y 70; y un Luna Park menos lleno que otras veces lo confirman. No es tampoco, hace rato, creador de nuevas canciones que estén a la altura de sus páginas más gloriosas. Ni su garganta está en la plenitud, aunque le sobra oficio y entrenamiento como para suplir cualquier limitación. Habiendo cumplido 75 años estando en Buenos Aires, tiende a conservar y sostener un estilo que lo hizo grande: una orquesta numerosa con aires de San Remo, arreglos algo "cafones" (un poco cursis, traducido del portugués) y cierta complicidad con el público estudiada y memorizada después de tantas horas de escenarios en todas partes.
Acaba de publicar un nuevo álbum, "Primera fila", para el que un productor argentino que es a la vez el "capo" de su compañía disquera a nivel latino, le hizo modificar algunos sonidos y su estilo para volcarlo más al pop actual y lo llevó a Londres para grabar en los míticos estudios Abbey Road; y algo de eso se escuchó incluso en Buenos Aires. Pero nada le importa todo eso a los fans -en su mayoría ya maduros como él- que aman a Roberto Carlos por lo que es su obra más monumental. Y bien que hacen. Podrán decirse muchas cosas. Se podrían encontrar montones de observaciones para hacer. Pero frente a un músico que tuvo alguna vez la inspiración y el talento como para escribir canciones inoxidables que se conservan en la memoria de todos, no queda sino la admiración.
A este brasileño que habla y canta en castellano como si fuera su idioma le debemos -a veces en sociedad con Erasmo Carlos- bellezas como "Emoções", "Qué será de ti", "Cama y mesa", "Lady Laura", "Amigo", "Amada amante", "Concavo e convexo", "Eu te amo, eu te amo, eu te amo", etc. Y hasta piezas de factura más modesta como la superconocida -e inverosímil, al punto de que hasta él se ríe de lo absurdo de la letra- "El gato que está triste y azul", lo ponen en un lugar central en cuanto a la respuesta del público a través del tiempo. Pero si en las canciones mencionadas el cantautor dejó su marca a fuego, hay algunas otras que directamente se ubican con toda justicia y compitiendo en todas las ligas, en lo más alto de la producción del siglo XX de todas las músicas. Roberto Carlos escribió -y volvió a cantar en el Luna Park para placer de todos- "Detalhes", "Desabafo", "Proposta" o "La distancia". Qué más se le podría pedir; con eso tiene crédito para lo que quiera.


Dejá tu comentario