Periodista: ¿Cómo transcurrió aquella infancia?
Enrique Arturo Diemecke: Todo el día se escuchaba música, a veces de las 6 de la mañana a las 3 de la madrugada. Nuestro padre tenía una academia. Todos sus hijos, de una forma u otra, nos dedicamos profesionalmente a la música: unos en la docencia, la enseñanza infantil con diferentes métodos, otros tocan en orquestas o grupos de cámara, otra es cantante.
P.: ¿Cómo se fue definiendo la vocación por cada instrumento?
E.A.D.: Por edades: la más grande eligió el cello, la segunda la viola, Pablo el violín y yo el segundo porque era más chico. Fue uno de los momentos más especiales de nuestras vidas. La formación musical que mi papá practicaba apuntaba mucho a la música hecha en casa. Para nosotros era un juego y una parte de la vida cotidiana. Y eso es de lo más importante para la formación de alguien. El ejemplo de nuestro padre fue crucial.
P.: ¿De qué manera se traduce aquella experiencia y conocimiento humano en la colaboración como director y solista?
E.A.D.: Nos entendemos en las ideas, sabemos quién tiene que seguir a quién en cada momento. No es una cuestión de quién es el líder, sino de compartir las ideas conforme a lo que el compositor indicó en la partitura, pero también con las dificultades de cada uno. Es una colaboración.
Pablo Diemecke: Cuando uno es solista tiene que conocer la parte de la orquesta para saber cuánto tiene la libertad de hacer lo que quiere y cuándo no. Es muy importante el trabajo de preparación con el pianista, ahí sé qué puedo y qué no puedo hacer.
P.: ¿Qué desafíos plantea este concierto?
P.D.: Tiene unas melodías que no son románticas pero que luego de escucharlas mucho se advierte que tienen una profundidad enorme. Hay partes de recitativo del violín con algo muy dramático en la orquesta, con una sensación de que algo va a pasar.
E.A.D.: Plantea todos los desafíos posibles. Es una obra no convencional en su estructura: es un solo movimiento con tres secciones, y tiene una cadenza bastante extensa en el medio. La parte de la orquesta tampoco es convencional: a veces hay acordes de instrumentos que están distantes del violín solista, eso crea un efecto tridimensional muy interesante, y eso es un reto para el balance. Hay armonías muy raras, superpuestas, con segundas menores que arman una textura muy rica.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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