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Los tapiceros eran colombianos
Las tareas de acondicionamiento interno de la aeronave, según la investigación, fueron realizadas entre noviembre y diciembre último. Entre tres y cuatro extranjeros, con acento colombiano, hicieron durante ese período compras en locales de tapicería, textiles y de cortinados en los barrios de Once y Almagro. El propósito era reemplazar un sofá cama original del Challenger por una estructura similar, que se presume fue utilizada para esconder toda o parte de la droga secuestrada en España.
Todas las comunicaciones con ese fin fueron establecidas con Gustavo Juliá, uno de los detenidos junto con su hermano, Eduardo y con Matías Miret. Los tres permanecen desde el 1 de enero último en una cárcel de Barcelona acusados por tráfico de cocaína, en una causa que se mantiene en buena medida bajo secreto de sumario. El juez Catania y el secretario Martín Castellano lograron identificar los locales donde se efectuaron las compras, en las calles Agüero y Gallo. Pero no a los encargados de realizar las modificaciones. Es que los celulares utilizados habían sido comprados con nombres falsos. La causa local, de momento se mantiene sin imputados ni sospechosos en firme.
El magistrado todavía no recibió información alguna de sus colegas españoles, que se ampararon en el secreto de sumario vigente para negarle cualquier dato. Tampoco tuvo suerte con tres exhortos enviados a Estados Unidos para obtener información acerca de los movimientos de dinero de los Juliá para el alquiler de la aeronave, ni con las requisitorias a Uruguay (por las cuentas bancarias de los hermanos) y Cabo Verde (donde el Challenger realizó una escala previa a Barcelona para aprovisionarse de combustible).

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