Los valles y una vuelta que enamora

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La vuelta a los Valles Calchaquíes hace tiempo que es un clásico del turismo de la Argentina. Todo aquel que decida conocer el noroeste debe adentrarse en este circuito y difícilmente pueda luego resistir la tentación de recorrerlo y vivenciarlo muchas veces más para poder intentar acercarse al corazón de estos pueblos, tal vez los más pintorescos de Salta.

Quebradas y cerros multicolores rodean pequeñas localidades de casas de adobe y paja, con habitantes que son herederos de tradiciones ancestrales que datan de tiempos preincaicos y, luego, coloniales.

La vuelta a los Valles Calchaquíes puede hacerse, justamente, en círculos. Partiendo de la ciudad de Salta por la Ruta Nacional 68 que une con Cafayate, o por la Ruta Provincial 33 que conduce a Cachi. Sea cual fuere el sentido que se tome en la vuelta, hay pueblos que no deben pasarse por alto. Cachi es sin dudas uno de ellos. Es anterior a la dominación española y allí habitaban los chicoanas. Conserva antiguas casonas sobre calles estrechas, su iglesia parroquial del siglo XVIII y el Museo Antropológico donde se exhiben restos de civilizaciones precolombinas. Desde el pueblo se puede acceder a El Algarrobal o Cachi Adentro, realizar la ascensión al Nevado de Cachi, como recorrer La Poma, laguna Brealito, Seclantás y la quebrada del Colte, un circuito conocido como el Camino de los Artesanos.

Payogasta se ubica a 10 kilómetros de Cachi, sobre la famosa Ruta 40. Se trata de una antigua población de origen indígena, cuyo nombre significa «pueblo blanquecino», enmarcada por el imponente Nevado de Cachi y cerros multicolores.

Artesanos

Molinos es otra población serrana que impacta en los valles. Sobresalen sus artesanos, que mantienen su tradición de teleros, tanto en su destrezas técnicas como en sus diseños. Fue fundada en el siglo XVII en la confluencia de los ríos Humanao y Luracatao, que forman el molino.

Cafayate es la ciudad más grande del circuito y es el corazón de los Valles Calchaquíes flanqueada por ríos y dentro de un cinturón de viñedos y bodegas de fama mundial. Durante todo el año se realizan exposiciones artesanales, peñas folclóricas y visitas al Museo Arqueológico de Bravo. Desde allí se organizan caminatas al río Colorado, travesías en bicicleta y caballos, o trekking. Cerca están también las dunas, arenales blancos que con caprichosas figuras formadas por el viento que pueden apreciarse a la luz de la luna. Una excursión clásica de Cafayate es la quebrada de las Conchas, en camino hacia Salta por la Ruta 68, en la cual pueden apreciarse formaciones rocosas naturales entre las que destacan el anfiteatro, el sapo, el fraile, el obelisco y los castillos.

Otros pueblos que merecen la visita en la región son San Carlos, fundada como una misión jesuita; Angastaco, el portal de acceso a la mítica quebrada de las Flechas, que se aprecia en un tramo de 20 km de la Ruta 40, hasta el río Calchaquí. Son formaciones rocosas inclinadas con paredes de hasta 20 metros de alto, que datan de entre 15 y 20 millones de años.

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