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Ludmila Pagliero, “étoile” del Ballet de la Opera de París
Ludmila Pagliero, que debuta el jueves en el Coliseo en un espectáculo de la compañía 3e Étage, fue nombrada «danseuse étoile» del Ballet de la Opera de París al finalizar una función de «La bayadère» en la que hizo. un reemplazo.
Se trata de «Nouvelles virtuosités» («Nuevos virtuosismos»), espectáculo de la compañía 3e Étage, creada y dirigida por Samuel Murez, que se podrá ver en el Teatro Coliseo el jueves y el sábado próximos a las 20.30. Entre las once primeras figuras del Ballet francés que la integran se destaca además Josua Hoffalt, también recientemente ascendido a «étoile».
El nombre de la compañía (en francés, «tercer piso») se refiere al nivel «geográfico» que ocupan los camarines del cuerpo de baile en el edificio; Murez explica que su objetivo fue fundar un grupo de gente joven diferente de los grupos estereotipados que suelen formar las estrellas consagradas, y que «con el correr de los años, los bailarines que convoqué fueron rápidamente promocionados y ahora conforman la nueva generación de étoiles, primeros bailarines y solistas». Dialogamos con Pagliero poco antes de su viaje a Buenos Aires:
Periodista: ¿Cómo vivió desde adentro el momento del nombramiento?
L.P.: Al principio pensé que no era para nombrarme «étoile», porque como esa función estaba siendo transmitida en directo en muchos cines de Europa y Estados Unidos, pensé que era un saludo destinado a ese público para terminar la función. Cuando la directora del Ballet, Brigitte Lefèvfre, empezó a hablar y mencionó esa circunstancia, pensé «no es para vos, quedate tranquila, no es el momento», y cuando empezó a agradecerme y finalmente anunció la nominación, fue inesperado. Había sido un día muy especial porque en principio no tenía que estar ahí bailando, ni siquiera estaba programada en ese ballet ese año, pero con todos los problemas que hubo no quedaba nadie más y me llamaron a mí, que lo había bailado dos años antes. Mi preocupación entonces estaba en el hecho de bailar bien y asegurar la función lo mejor posible. Fue realmente una sorpresa, todo lo que se dio ese día fue tan rápido que no tuve ni tiempo de pensarlo, y una gran emoción. Desde que entré a la Ópera de París y fui ascendiendo el sueño se fue concretando de a poco y lo único que quería era lograr este puesto porque me sentía capaz de hacerlo y no había viajado quince mil kilómetros para permanecer en el cuerpo de baile. Mi motivación de siempre fue crecer más.
P.: ¿Cómo encara esta nueva etapa?
L.P.: Ahora empieza una nueva vida. Mi punto de vista es que es un cambio que me lleva muchas más responsabilidades, porque somos las imágenes más fuertes de la compañía, y por eso tenemos que presentarnos sin que haya nada librado al azar, somos la imagen de lo mejor e implica una mayor exigencia. Por otro lado hay un mayor relax en el sentido de que ahora puedo hablar con la Dirección, elegir las obras que tengo ganas de bailar, hacer un trabajo más fino respecto de mi carrera y su evolución, de la programación anual, decir qué roles quisiera bailar ahora y cuáles dentro de unos años. Un aspecto muy positivo de la Dirección es que presenta obras para que sus «étoiles» puedan hacer su carrera, y da gusto poder tener ese peso en esas decisiones.
P.: En la noche del nombramiento usted compartía escenario con su «coach» Aurélie Dupont, y con el que será su partenaire aquí, Josua Hoffalt.
L.P.: Son dos personas que son muy cercanas entre mis amistades. Aurélie me acompañó desde que llegué a la Ópera, enseñándome variaciones, roles, mostrándome cómo se maneja la ópera, apoyándome, criticándome o corrigiéndome, tengo mucha confianza en ella y es una persona a la que admiro muchísimo. Josua es más de mi generación, con él hemos creado muchas piezas, bailado en galas, y es alguien con quien me encanta bailar. Ambos son muy importantes en el trabajo y gracias a Dios también tenemos una amistad muy linda fuera del teatro, así que era la pareja perfecta al lado mío en ese momento.
P.: ¿Qué le atrajo de la propuesta de Murez?
L.P.: Trabajo con él desde el principio de esta compañía, la primera coreografía la creamos con Josua y Samuel, fuimos participando en las creaciones, y fuimos viendo cómo iba armando su universo, dando nuestra opinión, es una linda relación. Sabemos que el espectáculo funciona y que es diferente a las galas típicas del ballet clásico donde se suceden «pas de deux» uno detrás de otro. Aquí no hay un corte, hay un universo que se despliega del principio al final, es una historia que va cambiando, es muy original. Hay un hilo conductor que nos lleva al humor, la tristeza, varios sentimientos diferentes. Hay que estar abierto sin ninguna expectativa para disfrutarlo lo mejor posible.
Entrevista de Margarita Pollini


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