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Luego de tanto desearlo, Gilmour estuvo aquí
David Gilmour: delirio de los fans por el primer recital en el país del ex Pink Floyd, autor de “Wish You Were Here”, en una actuación sólo empañada por la organización y los controles en el Hipódromo de San Isidro.
Sin atenuantes. Se demoró toda la vida en llegar finalmente a la Argentina. Pero pasó por aquí, entre Brasil y Chile, y entregó uno de los momentos más brillantes de la temporada y de los más fuertes que recordará el negocio local del espectáculo. En el Hipódromo de San Isidro, ante unas 60.000 personas, con algo más de una veintena de canciones en tres horas de espectáculo -y un intervalo dividiéndolo en dos partes-, el ex Pink Floyd, el guitarrista y cantante David Gilmour, el que siempre se sintió muy amigo del desaparecido Syd Barret y al que Roger Waters no reconoce como tal, demostró que nada significan sus 69 años de edad. Sigue siendo un instrumentista majestuoso. Sigue conservando ese modo de cantar ronco que lo distingue y lo hace especial. Es moderno, aun volviendo permanentemente sobre estéticas del pasado.
Con su clásica vestimenta negra, que es una marca registrada, Gilmour armó una lista de temas -así como en otros puntos de la gira, naturalmente- combinando lo muy viejo de Pink Floyd -temas que, en algunos casos, tienen casi 50 años- con su reciente álbum "Rattle That Lock", que formalmente venía a presentar.
Arrancó con el disco nuevo, con sus tres primeros temas en el mismo orden del CD: "5.A.M", "Rattle That Lock" y "Faces of Stone". Y rápidamente llegó la que sería la primera de las muchas ovaciones de la noche: el súper clásico "Wish You Were Here".
De lo suyo personal sonaron "A Boat Lies Waiting", "The Blue", "In Any Tongue", "The Girl in the Yellow Dress" y "Today". Pero la verdadera locura, esa que hizo llorar de emoción a muchos bien entrados en años, estuvo en las canciones del grupo británico. "Money", "Us and Them" del legendario album "Dark Side of the Moon" de 1973-, "High Hopes, "Coming Back to Life" y "Sorrow", "Time", fueron algunos de los temas que se escucharon. Barret estuvo presente con su "Astronomy Domine" del histórico disco "The Piper at the Gates of Dawn" de 1966. Y también desfilaron glorias del pasado como "Fat Old Sun", "Breathe", "Comfortably Numb" o las cuatro partes de "Shine of You Crazy Dimonds".
Gilmour estuvo impecable de punta a punta. La estética fluctuó entre el pop más moderno y la evocada psicodelia, tanto en lo que se escuchaba como en el manejo de luces y pantallas. Pero hubo muchos solos, al modo jazzero. Lo respaldó una banda inmejorable, que hizo lucir al guitarrista ex Roxy Music, Phil Manzanera, al bajista Guy Pratt (el que ocupó el lugar de Waters cuando éste abandonó Pink Floyd), los tecladistas Jon Carin y Kevin McAlea y al saxofonista Joao Mello.
La única nota discordante la puso la organización. El ingreso fue más propio de una manada de animales salvajes que de un grupo de gente que había pagado buen dinero para estar allí, y la demora hizo que varios pudieran entrar sólo con el show ya iniciado. El uso de las localidades compradas inclusive para los precios más altos- se respetaron a medias. Y la salida repitió el mismo caos del ingreso. No es que este pésimo "modus operandi", al modo futbolero, no se reitere en muchos recitales en nuestro país, pero esta vez pasó la raya; tanto, que las redes sociales estallaron con los asistentes enardecidos y hasta se armó una página en Facebook "Estafados en el recital de Gilmour"- para quejarse por estas cuestiones.


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