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Lukas Bärfuss ante un tema siempre molesto: el suicidio
• DIÁLOGO CON EL NOTABLE DRAMATURGO Y NARRADOR SUIZO, QUE VISITÓ EL PAÍS
En “Koala”, el autor parte de la muerte voluntaria de su hermano para trazar un viaje filosófico.
Barfüss. El intelectual suizo presentó en Buenos Aires dos de sus libros, dictó una masterclass y asistió a una puesta de su obra “Paraty”.
L.B.: En Sócrates, en Catón, en Séneca, en Mishima y la tradición del seppuku, hay una idea del heroísmo que tiene que ver con la libertad. No hay ningún sistema que pueda obligarnos a conservar nuestra vida. Por más opresor que sea el sistema siempre existe la posibilidad de decir no. Pero ese tipo de heroísmo no lo pude reconocer en la acción que llevó a cabo mi hermano. Y creo que es algo que les pasa a todos los que perdemos a un ser querido, no ven en ese suicidio el heroísmo sino la derrota. Y ¿no será que esa derrota no la podemos ver en los suicidas clásicos porque aplicamos la retórica modélica del nacionalismo que convierte en héroes a los muertos en la guerra? Si pensamos en Von Kleist y su obsesión por la cancerosa Adolfine Vogel, a la que mata antes de suicidarse, sólo debemos sentir asco. La recurrente violencia contra las mujeres en la obra de Kleist es un tabú en la literatura alemana. La última acción de ese gran poeta romántico no es un acto amoroso o heroico, sino un crimen.
P.: Usted descarta las ideas habituales.
L.B.: Se suele pensar que el suicida todo lo que hizo antes fue una preparación. Y eso es un error. La enseñanza de Sócrates sería que un pensamiento radicalmente libre, que entra en conflicto con el poder, tiene que elegir entre seguir viviendo de manera cobarde o elige un acto de libertad. Quiere dar una lección moral más, y lo que refleja es un ansia de consuelo. No hay el heroísmo del discurso ideológico, hay limitación, soledad, miseria, caos, imposibilidad, absurdo, y preguntarse por el por qué es entrar en una camino peligroso cuando lo que importa es valorar la existencia.
P.: ¿Qué relación hay en usted entre el teatro y la novela?
L.B.: En uno me recupero del otro. No me podría imaginar renunciando a alguno de los dos. En teatro la dimensión física de la existencia tiene un lugar central. Si la actriz está resfriada hay algo que cambia. La literatura, tal como la entendemos en la sociedad burguesa, es decir en forma de libro, no pregunta sobre la situación física de la protagonista. Paul Valery dice que sólo un pensamiento físico, corporal, es un pensamiento real, y el teatro es un pensamiento que pone el cuerpo.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
L.B.: Estoy en la fase de la incertidumbre productiva. La última frase de mi último libro es: este es el fin, aquí quiero comenzar. Tengo encargos teatrales y editoriales. Teatro en Colonia, en Berlín, en Suiza. Un libro de ensayos y una novela.


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