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Malvinas: enojo oficial por belicismo británico
Jorge Taiana ayer en el cierre de la cumbre en Cancún del Grupo de Río, que dio respaldo a la queja argentina ante la explotación petrolera de Gran Bretaña en el Mar Argentino.
«Las palabras de la presidente Cristina de Kirchner en la Cumbre de Río son muy precisas, descartan de plano la opción armada y afirman el camino del respeto al derecho internacional», dijo en México Jorge Taiana.
La mandataria afirmó en una parte de su discurso que Gran Bretaña viola las resoluciones de la ONU (de sentarse a negociar) y que el país insistirá siempre en su reclamo «con vocación en el derecho internacional».
Hoy a las 17.30 Taiana mantendrá una reunión con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en línea con la estrategia de reencaminar la controversia por la soberanía dentro del marco negociador del organismo internacional. «Éste es el camino idóneo para encarrilar el conflicto, seguir el proceso recomendado por las resoluciones de la ONU que instan a no agravar el escenario con medidas unilaterales y a dialogar», confió el embajador Jorge Argüello, encargado de gestionar el encuentro entre Taiana y Ban Ki Moon.
El enojo del Gobierno surgió tras declaraciones del ministro de las Fuerzas Armadas británicas (también parlamentario laborista) Bill Rammell, quien en una sesión de la Cámara de los Comunes dijo ayer: «Tomaremos todas las medidas que sean necesarias para proteger a los isleños, que tienen un derecho legítimo a desarrollar una industria de petróleo en sus aguas».
El entredicho por la perforación en aguas de Malvinas funciona para la política doméstica local -Cristina de Kirchner consiguió repuntar en la imagen de la región- y también para la interna británica entre laboristas y conservadores. El diálogo parlamentario registrado en el Libro de Sesiones del 22 de febrero pasado al que accedió este diario tiene pasajes que remedan el escenario preparatorio de la guerra del Atlántico sur.
La advertencia de Rammell a la Argentina fue, en rigor, una respuesta al parlamentario conservador Liam Fox (secretario de Defensa en las sombras), quien interrogó: ¿No es el deber de cualquier Gobierno británico hacer lo necesario para brindar adecuada protección a buques, compañías e individuos que emprendan negocios legítimos en esas aguas? (las de Malvinas) y agregó: ¿Qué comunicaciones se han realizado con la contraparte de la defensa de Argentina para dejar esto claro?
En la interpelación a Rammell los conservadores retomaron un argumento que fue pilar de la respuesta armada de entonces: la presión por presupuesto para la Royal Navy. El conservador Fox insiste así: «Dada la renovada tensión en el Atlántico Sur, los desafíos de la seguridad energética, el hecho de que el 92 por ciento del comercio británico se mueve por mar, ¿no es un gran error del Gobierno disminuir la flota de 35 destructores y fragatas a 20, y recortar los submarinos de 12 a 8, o probablemente 7?; ¿no lamenta el Gobierno (de Gordon Brown) lo que ha hecho a la Royal Navy?

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