8 de septiembre 2010 - 00:00

Manguel contra los grupos editoriales

Madrid - El escritor argentino Alberto Manguel arremete con dureza en su nuevo libro, «La ciudad de las palabras», contra los grandes grupos editoriales que, según él, tratan la literatura como «productos de supermercado», y asegura que esos editores «son culpables de un crimen contra la humanidad». «Debería haber un tribunal internacional que los juzgara, porque están matando la imaginación, la creatividad y son responsables de convertir a los lectores en consumidores de basura», afirmó.

El conjunto de ensayos reunidos en «La ciudad de las palabras» lleva el subtítulo de «Mentiras políticas, verdades literarias» y es fruto de una serie de conferencias que Manguel (Buenos Aires, 1948) dio en Canadá, en un ciclo protagonizado en otras ediciones por escritores como Doris Lessing, Margaret Atwood o Carlos Fuentes. Manguel habla allí sobre la relación de la literatura y el mundo.

A Manguel «desespera» la superficialidad y la rapidez que, desde ámbitos tan diferentes como la política, la publicidad o el mundo editorial, se trata de imponer al ser humano, y defiende cualidades «casi perdidas: la profundidad de la reflexión, la lentitud del avance, la dificultad de la empresa». «Piensen menos y trabajen más». Esta frase que la ministra de Finanzas francesa, Christine Lagarde, pronunció en 2007 y que Manguel suele citar, resume lo que los políticos esperan de los escritores en particular y de la gente en general.

La «gran riqueza de la literatura», y su «dificultad», es que, sostiene Manguel, «no es un dogma. Expone los hechos pero no da respuestas concluyentes». Manguel acude a clásicos de diferentes épocas, como la «Epopeya de Gilgamesh» o el Quijote, para ilustrar las tesis que defiende en «La ciudad de las palabras» y para reflexionar sobre la validez de la literatura. Ese tipo de literatura que él propugna, fruto de la reflexión y del conocimiento, tiene poco que ver con la que tratan de imponer desde hace años los grupos editoriales que están en manos de «los grandes grupos financieros», y eso lo considera «muy grave».

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