2 de abril 2009 - 00:00

Maricel Álvarez, a la par de Bardem

Maricel Álvarez, actriz del off, acaba de coprotagonizar con Javier Bardem «Biutiful», el último film de González Iñárritu («Babel»).
Maricel Álvarez, actriz del off, acaba de coprotagonizar con Javier Bardem «Biutiful», el último film de González Iñárritu («Babel»).
 Maricel Alvarez (la actriz de «Bambiland», «Heldenplatz» y «Dolor exquisito») acaba de rodar en España la nueva película del mexicano Alejandro González Iñárritu, titulada provisionalmente «Biutiful», junto con Javier Bardem. A diferencia de «21 gramos» y «Babel», el nuevo film de González Iñárritu fue rodado en español, y sin la colaboración de su habitual guionista Guillermo Arriaga, que rompió la sociedad con cierto escándalo. Pese a la reserva del director, se sabe que se trata de una historia dramática centrada en Uxbal, un individuo relacionado con inmigrantes ilegales en los suburbios de Barcelona, donde debe enfrentar a su amigo de la infancia que ahora es policía. El personaje que interpreta Bardem (pareja de la actriz argentina, en la ficción) se ve obligado a luchar por sus hijos en medio de un tortuoso recorrido para redimirse de su pasado.
Ya de regreso en Buenos Aires, tras cuatro meses y medio de rodaje, Maricel Alvarez retomó las funciones de «Dolor exquisito», en la Sala Beckett (Guardia Vieja 3556), espectáculo basado en un trabajo de la artista conceptual Sophie Calle. Dialogamos con ella:
Periodista: ¿No puede hablar de la película entonces?
Maricel Alvarez: No. Es injusto para los actores, que además tenemos una carrera que defender. Pero fue una buena experiencia. Iñárritu trabajó con su equipo de siempre: Gustavo Santaolalla en la banda sonora; Rodrigo Prieto en fotografía; Brigitte Broch en diseño de arte.
P.: ¿Por qué le dieron este papel?
M.A.: El director de casting ya me había visto actuar en teatro y después me dijeron que yo tenía la misma energía que este personaje.
P.: ¿Hizo buenas migas con Bardem?
M.A.: Excelentes. No tengo más que palabras amorosas hacia él. Fue un compañero en el mejor sentido de la palabra. Yo estaba haciendo un proceso muy fuerte de aprendizaje y sufrí las presiones lógicas de un trabajo de tanta exposición. Y él con su experiencia y su generosidad me ayudó en todo momento.
P.: Sus amigas la deben haber envidiado muchísimo.
M.A.: Esas cosas se aprecian en la pantalla; en el set las distancias se acortan y lo que importa es la persona con la que uno comparte un trabajo muy exigido en términos emocionales y expresivos. Después está el actor profesional que el público conoce y admira. En este sentido no hubo diferencias entre nosotros, siendo él una figura internacional y yo una perfecta desconocida.
P.: Con «Dolor exquisito» le está yendo muy bien ¿Qué opinó Sophie Calle de la obra?
M.A.: Creo que le gustó mucho, incluso la comparó con una puesta anterior que a ella le había resultado demasiado respetuosa del texto original. En cambio, le fascinó que usurpáramos su historia y la cruzáramos con nuestra propia experiencia en Tokio, mezclando realidad y ficción e involucrándonos afectivamente, como siempre hace ella con sus obras. Sintió que jugábamos su juego.
P.: Pero ella trabaja con sus rupturas amorosas, mientras que usted y el director Emilio García Wehbi conforman una feliz pareja. ¿No le pareció curioso este contraste?
M.A.: Sophie se reía de eso porque nos vio como una pareja muy unida construyendo una ficción basada en una ruptura. «¡Ay!, para que esto tuviese sentido ustedes tendrían que separarse», nos dijo un día, «Pero, sería un precio muy alto para pagar ¿no?». Es una mujer que ha tenido muchos novios. Algunos le pidieron que no los incluya en sus obras y a otros, seguramente, los divirtió que trabajara con sus historias.
P.: «Dolor exquisito» es diferente de sus anteriores trabajos con Wehbi, más radicales en su postura ideológica o en sus planteos rupturistas.
M.A.: Es cierto, en otras obras confronta con el público y lo expone situaciones de riesgo o de reflexión, de irritación o enojo. Esta es todo lo contrario, es una obra muy placentera y sofisticada. Emilio y yo viajamos a Japón para poder mostrar su belleza visual y su equilibrio dentro de una historia desequilibrada por la ruptura de un vínculo. El público tiene una total empatía con el glamour de la puesta, pero también se conecta con el dolor. Al fin y al cabo se trata de una pérdida.
Entrevista de Patricia Espinosa

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