16 de noviembre 2011 - 00:00

“Más allá de sus avatares, éste es un país fascinante”

Shumway: «Este libro fue escrito en dos registros: uno muy personal, en el que trato de describir mi diálogo con la Argentina desde que vine por primera vez en 1975, y otro intelectual como corresponde a un académico».
Shumway: «Este libro fue escrito en dos registros: uno muy personal, en el que trato de describir mi diálogo con la Argentina desde que vine por primera vez en 1975, y otro intelectual como corresponde a un académico».
El estadounidense Nicolas Shumway, tuvo un fuerte éxito editorial en 1991 con su investigación «La invención de la Argentina. Historia de una idea», y ahora regresa con una «Historia personal de una pasión argentina», que acaba de publicar Emecé. Shumway se graduó en la Universidad de California, fue profesor titular en la Universidad de Texas, y ahora es decano de Humanidades en la Universidad Rice, de Houston. Le complace definirse como «argentinista y argentinófilo». En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué comienza su libro diciendo que no sabe cómo definirlo?

Nicolas Shumway: Porque fue escrito en dos registros: uno muy personal, muy de experiencias vividas, y otro intelectual como corresponde a un académico. El primer capítulo es una autobiografía en la que trato de describir mi diálogo con la Argentina a los largo de los años. Vine por primera vez en 1975, un momento muy conflictivo en la historia del país. Isabel Perón estaba en la Casa Rosada, asesorada por López Rega. La guerrilla andaba por un lado y la Triple A por otro. Y a lo largo de los años he seguido ese diálogo, esa conversación que comenzó en ese momento. Ahora con algunos cambios. Mi proyecto original era escribir algo sobre la década del 30, específicamente quería investigar algo de las raíces ideológicas del peronismo. Ahí me di cuenta de que uno de los grandes debates de ese momento era sobre el siglo XIX, con el enfrentamiento de los historiados liberales y los revisionistas. De pronto las notas al pie crecían más rápido que el texto, porque trataban de dar el contexto del debate que estaba comentando. Esas notas al pie formar mi libro «La invención de la Argentina. Historia de una idea».

P.: Hay en su obra una clara marcación de la importancia de lo cultural al punto de que el título remite a «Historia de una pasión argentina» de Eduardo Mallea.

N.Sh.: Lo que me inspiró fue sólo el título del libro de Mallea, pero el mío no es un diálogo con ese libro, que es de la década del 30, responde a ciertos debates de ese momento, y ya nadie lee ahora. En cuanto a contenido me resultó más importante «El hombre que está solo y espera» de Raúl Scalabrini Ortiz. Mi «Historia personal de una pasión argentina» consiste en un conjunto de ensayos. El primero es el autobiográfico, donde cuento desde mi primer contacto con la Argentina, que fue cuando era niño a través de unos tíos que eran mormones y misionaron acá. El tercer ensayo de mi libro es «De cómo el liberalismo se volvió una mala palabra», y ahí comienzo haciendo una explicación de lo que yo considero el liberalismo clásico. Lo hago porque aquí he visto que la gente que habla de liberalismo maneja conceptos diferentes. Después hablo de tres corrientes que para mí son antiliberales en la historia argentina. La primera es el antipopulismo, lo que llamo demofobia, y es un intento de algunos de desacreditar al pueblo para desacreditar su voto. Una buena parte del antiperonísmo tiene que ver con eso. Como me dijo una señora, y yo lo cito en el libro, «cuando vota la negrada siempre gana el peronismo».

P.: Luego de eso pasa a una perspectiva casi antagónica.

N.S.: La segunda corriente antiliberal tiene que ver con la exaltación del caudillismo en la Argentina, y cómo se justifica eso. Ahí entro en diálogo con Scalabrini Ortiz, porque creo que «El hombre que está solo y espera» es un libro fundamental del nacionalismo argentino, pero también esencial para identificar esa corriente medio mística de la presencia del caudillo, el anhelo que existe por un caudillo, un líder fuerte, algo que aún existe en ciertos sectores de la Argentina.

P.: De ahí pasa a señalar la relación del catolicismo con el liberalismo en nuestro país.

N.S.: Uso la palabra católico con mucha cautela, porque no puedo hablar de una corriente como todo el catolicismo. Casi todo el mundo puede encontrar algún nicho en esa historia tan complicada en una organización tan grande. Dentro de la historia católica en la Argentina hay una fuerte corriente antiliberal, muy autoritaria, y eso se ve en varios momentos de la historia. Yo empiezo analizando el antiliberalismo del catolicismo del siglo XIX. Luego hablo de la colaboración que ha habido entre la jerarquía católica y varios movimientos autoritarios en la Argentina.

P.: ¿Por qué toma la idea del cuento de Borges, «Pierre Menard, autor del Quijote» y lo convierte en «un concepto iluminador»?

N.S.: El relato de Borges es un cuento disfrazado de una nota necrológica sobre un autor francés que acaba de morir. El narrador, que obviamente es Borges, dice que en la obra invisible de Pierre Menard hay un texto que se llama «Don Quijote de la Mancha», que es igualito al de Cervantes. Pero si el lector se acerca al texto pensando que es de un francés, y no de un español del siglo XVI, puede leerlo de una forma totalmente diferente, aunque sea exactamente igual. El texto varía según el concepto que uno tiene del autor. Entonces, sostengo que el menardismo es la aplicación de un aparato interpretativo de otros tiempos que se usa para entender el momento actual, y que eso distorsiona el pensamiento. Esto se da mucho en la Argentina, pero también en el resto del mundo. Yo hablo de la Guerra contra el Terror en Estados Unidos, y es impresionante ver cuántas veces George W. Bush invoca la Segunda Guerra Mundial, a Hitler, o a la Guerra Fría y la Unión Soviética, como si tuvieran algo que ver con la Guerra contra el Terror, y no son iguales en nada.

P.: ¿Qué piensa de su primer libro sobre nuestro país, «La invención de la Argentina», veinte años después de haberlo escrito?

N.S.: Cuando llegué por primera vez sabía muy poco de la Argentina, no había leído suficientemente a Borges, pero quería hacerle una entrevista, tenía muy pocos amigos que vivieran aquí, y hubo cosas que me sorprendieron muchísimo. Una de ellas fue la prosperidad de la Argentina. En 1975 a pesar del gran despelote que había, no había mendigos en las calles de Buenos Aires, no había chicos que hicieran malabarismo en ciertas calles. Creo que vi la última etapa de esa prosperidad generalizada, tal vez no sostenible porque el modelo estatista en muchos sentidos se había agotado. En los siguientes viajes fui viendo un deterioro pronunciado y problemas. Los últimos nueve años son muy interesantes porque se está viendo una Argentina que está creciendo de nuevo, un retorno a cierta prosperidad, pareciera estar ante nuevas oportunidades, sobre todo porque el orden mundial ha cambiado. En cuanto a «La invención de la Argentina», que en algún momento revisaré y actualizaré, me sigue pareciendo un libro honesto, con una investigación seria.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

N.S.: Soy decano de Humanidades en la Universidad de Rice, en Houston, así que estoy escribiendo constantemente muchos memos.

Entrevista de Máximo Soto

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