29 de diciembre 2008 - 00:00

Más que congratularnos debemos avergonzarnos

Más que congratularnos debemos avergonzarnos
Un mundo que no puede garantizar la paz, difícilmente puede garantizar la prosperidad económica de su gente. Lo peor del año que está concluyendo no es entonces el derrumbe de la economía ni el desplome de los mercados, que llegado el momento se habrán de recuperar, si no es por otra causa será por su propia inercia. Lo peor es la incapacidad que está mostrando el "mundo civilizado" para terminar el año aunque sea en una relativa paz (como pensaba hacerlo). Si el Dow avanzó un 0,56% a 8.515,55 puntos en la última rueda, esto no se vinculó a las "novias de la guerra", sino a la decisión de la Fed de cerrar los ojos autorizando la transformación de GMAC en una entidad bancaria, para que así acceda a los fondos del TARP apuntalando a GM. De hecho, ni el dólar (retrocedió ante el euro, avanzó ante el yen) ni la ligera suba de los treasuries (la tasa a 10 años quedó en el 2,13%) sugieren que alguien haya previsto la matanza del fin de semana. Incluso la suba del petróleo -que podría ser, junto con el oro, el gran beneficiado en esta corta semana- a u$s 37,71 por barril, nada tuvo que ver con la locura armada, ya que se vinculó al anuncio de los Emiratos de recortar su producción de crudo el 15% a partir de febrero. En la semana (cuarta consecutiva en baja), el Dow retrocede un 0,7% y el mundo casi a los tiempos de Cromagnon. La gente -el inversor- está asustada, por su trabajo y por su dinero; ¿hacía falta asustarla más?

Dejá tu comentario