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“Me centré en muchos de los mitos en torno de la familia”
Cristina Feijóo: «Cromañón mostró una incapacidad de la sociedad, del grupo dañado por la tragedia, de hacerse cargo de sus propios déficits».
Periodista: En su novela más reciente pareciera haber cambiado su estilo narrativo.
Cristina Feijóo: En «Los puntos ciegos de Emilia» focalicé la mirada desde un personaje femenino fuerte, con muchos conflictos, un mundo interior abigarrado. A partir de ahí trabajé mucho su voz. No me fue fácil llegar a una voz narrativa con esa personalidad.
P.: Una personalidad muy distinta a la suya, un cambio respecto a sus novelas anteriores que tenían un sesgo testimonial.
C.F.: Eso se debe a que tomé un tema, el de la familia, que siempre fue para mí un interrogante. Como mi vida nunca estuvo centrada en la familia, eso me permitió desarrollar un mundo que me era ajeno y, a la vez, un tema que me rondaba. Sentía que la familia era una fuente de dolor, de decepciones. A veces que era una carga que tenía que llevar sobre mis hombros, y otras que yo era esa carga para otros. Viví mis vínculos familiares como una atadura necesaria, pero una atadura. A la vez descubrí que para otra gente la familia era un refugio, y no una prisión, como yo la sentía. Creo que esas dos visiones están ahora en mi novela.
P.: Usted cuenta de una familia que detrás de las apariencias está cargada de secretos.
C.F.: Aun en las familias más defensoras de la familia se ocultan misterios. Se tapan las miserabilidades por necesidad de seguir conviviendo, porque es el ámbito elegido para vivir.
P.: Comienza su novela destapando algo que se quiere tapar, la protagonistaa habla con una familiar sobre un crimen, el de la supuesta amante de su marido, y que hay que cubrir al asesino.
C.F.: Lo que Emilia va descubriendo la lleva a una cadena de ideas erróneas que constantemente está alimentando. Emilia no llega a verdades que la iluminen sobre ella o sobre su pasado. Alcanza a un punto donde construye otra mentira. Necesita tapar y taparse cosas. En «Los puntos ciegos de Emilia» trabajo muchos de los mitos que se mueven en torno a la familia. El de la maternidad, por ejemplo, que en Emilia aparece tanto con su madre como con su hijo. Un vínculo que no sólo engendra amor sino también odio a la dependencia. Emilia es una mujer a la que las proximidades la molestan, incapaz de vínculos demasiado fuertes que siente que la dañan.
P.: Además su hijo es la imagen de un drama colectivo, es un sobreviviente de la tragedia de República Cromañón.
C.F.: Emilia es un espejo en lo social de lo que fue Cromañón. Es alguien que evade su propia responsabilidad en los hechos. Va rebotando por la vida sin ver su propio papel en las cosas que genera. Siempre pone la culpa en los otros, la madre, el marido, el hijo. Cromañón mostró una incapacidad de la sociedad, del grupo dañado por la tragedia, de hacerse cargo de sus propios déficits. Yo busqué ver en una familia la distintas formas de enfrentar una tragedia: involucrarse, borrarse, encerrase en sí mismo, negarla con ese «no pasó nada, sigamos adelante», que dice Emilia.
P.: ¿En qué género literario buscó colocar esta novela que tiene algo de policial, de drama de costumbres, de folletín y de telenovela?
C.F.: Me cuesta inscribirme en una tradición. Me siento dentro del realismo. Mis lecturas han sido muy diversas. Creo que el crimen inicial de esta novela, los sentimientos contrapuestos, la vida real de la sociedad argentina, surgieron de meterme en el tema y buscar las voces narrativas. Así es como voy forjando mis novelas. Lo primero son los personajes. La trama nunca la tengo completamente definida, se algunas situaciones. Tampoco se el final. Hacia allí me van llevando los personajes. Lo que tengo de partida es un problema al que los enfrento. Los conozco mucho. Escribo muchísimas páginas antes de ponerme a escribir. De «Los puntos ciegos de Emilia» habré escrito unas mil páginas que no quedaron en el texto final. Hice siete versiones. Esa labor previa me permite una concentración de hechos, situaciones fuertes, sentimientos contrapuestos. Eso quizá me acerque al folletín, a la telenovela y a la novela del siglo XIX. Hay temas que surgieron en ese trabajo inicial, me llevan a investigar, y después aparecen en unas pocas páginas.
P.: ¿Por ejemplo?
C.F.: Dado que es una familia que viene de inmigrantes, como la mayoría, imaginé de dónde provenían, cómo eran sus familias antes de llegar. Nada de eso quedó finalmente, pero al ponerme a escribir la novela sabía bien cuales habían sido los problemas en la familia del marido de Emilia y la suya, y qué cosas arrastraban. Las mezclas que tuvieron, las cercanías vividas con grupos de otro origen hacen que, por ejemplo, Emilia use expresiones del yiddish sin ser judía. Ese tipo de cosas son constitutivas de la identidad argentina, y hacen a la búsqueda de las propias raíces. Pienso que todo eso hace que cada lector encuentre una Emilia propia, para unos será detestable, para otros, querible; para otros, patética.
P.: ¿Cuáles son para usted los puntos ciegos de «esa señora respetable»?
C.F.: Ahí también cada lector encontrará los que puede adjudicarle. Uno que yo veo es su incapacidad para ver lo que sucedía en torno de su bohemia madre, o saber realmente quién fue su padre. Se lo dijeron, pero no soportó verlo. Ahí están los celos, uno de los aspectos que ciegan a Emilia.
P.: Ahora que la narrativa nórdica está tan de moda, ¿el haber pasado unos años en Suecia la marcó en su escritura?
C.F.: Si bien empecé a escribir ficción al regresar, algo habrá. Leo novelas en sueco, y escucho novelas en sueco en audiolibros. Me resulta fascinante la relación que ellos tienen con la naturaleza. Creo que me gusta más leer libros de otras culturas que libros argentinos. Aunque hay escritores que admiro, por ejemplo Osvaldo Soriano ha logrado describir como nadie el absurdo que llevamos adentro los argentinos. Si me interesan las narrativas lejanas es acaso porque me asoman a otros universos, a otras formas de vivir sentimientos semejantes. La dureza del clima marca a los nórdicos en su manera de relacionarse. Y aun así los personajes de Stieg Larsson, de Henning Mankell, provocan identificación. A mí me encanta la saga «Milenium», que tiene a su personaje de Lisbeth Salander inspirado en un famoso personaje de la literatura infantil que es parte de la tradición sueca, la adorada Pipi Mediaslargas. Pero mi mundo narrativo está acá.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
C.F.: Una novela basada en la cárcel. No es sobre la cárcel sino que transcurre en la cárcel. Yo estuve presa en tiempo de la represión, y pensé que tenía que escribir sobre ese mundo. Se han escrito buenas novelas sobre la cárcel, pero no es eso lo que yo quiero escribir. La cárcel es un universo en sí mismo, como un campo de concentración o una isla donde caen sobrevivientes de un naufragio, un lugar donde por cualquier circunstancia seres humanos deben vivir durante años. En ese mundo hay los sentimientos más diversos. Odios y pasiones, tristeza y alegrías. Quiero volver a romper estereotipos, y evitar el lugar común de lo sórdido, para hablar de la vida, que allí también despliega su trama.
Entrevista de Máximo Soto


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