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“Me importa que mis libros recuerden que se tiene que soñar”
Con títulos como «Perdona si te llamo amor» (novela que provocó una sobrecarga de «candados de amor» en puentes principalmente europeos) el italiano Federico Moccia se convirtió en un fenómeno de ventas entre lectores jóvenes de todo el mundo.
Periodista: ¿Usted es el responsable de que parejas de jóvenes anden colocando toneladas candados en puentes para manifestar el amor que sienten, provocando daños en puentes de Europa y Estados Unidos?
Federico Moccia: La gente joven quiere volar, estar a tres metros sobre el cielo cuando abajo la vida real los reclama. Muchos se sintieron fascinados por las historia que cuento en mi primera novela, «A tres metros sobre el cielo», y en su continuación, «Tengo ganas de ti», donde la pareja va al puente Milvio de Roma -que a partir de ahí para muchos pasó a ser el puente de los enamorados- colocan un candado con el nombre de ellos, se ponen de espalda y tiran la llave al río, como una especie de compromiso de amor eterno. Eso que hicieron muchos lectores en Roma imitando a los personajes se volvió una moda en varios países. Se llenaron de candados puentes y balcones, por caso el que está en la terraza del Monte Mario en Italia, o en el puente de Brooklyn, y en los de París fueron tantos que las autoridades dijeron que era una violación de la protección del patrimonio nacional. A mí me encantó lo que había ocurrido, porque ese hecho, que era solo un divertimento de la historia, mostraba hasta qué punto los lectores se habían involucrado con una novela que cuenta la relación entre una estudiante de clase media y un chico de la calle. Es la historia de un primer amor, los conflictos familiares, la muerte de un amigo, la necesidad de compartir nuestra vida para sentirnos más felices.
P.: Con ese primer libro pasó de un fracaso a millonario. De publicar por su cuenta «A tres metros del cielo» porque no interesó a ninguna editorial, el interés de la gente hizo que lo sacara en pocket una gran editorial y fue best seller.
F.M.: Cuando las cosas suceden así, son más bellas porque nos confirman que uno tuvo razón en pensar que en lo que trabajó podía interesar a otros, que era una historia que valía la pena contar. El escritor es alguien que observa y descubre algo que conecta con los demás, y yo había tocado algo que otros habían vivido o soñado. Para mí escribir es una pasión, un placer, y el éxito un regalo que puede o no llegar después.
P.: El cine tiene una importancia fundamental en su vida. A su padre, Giuseppe Moccia, se lo conoce como guionista y director cinematográfico y televisivo. Usted es guionista y cineasta. y sus novelas que tiene mucho de telecomedia juvenil, pasaron al cine, aunque no se vieron aún en la Argentina.
F.M.: Aún me queda mucho que aprender como cineasta, y más aún si me comparo con mi padre, conocido como Pípolo, que participó en 120 películas como guionista, y en 20 como director. Él lograba destacar ciertas secuencias en sus historias de modo que la gente se divirtiera con sus películas. En mi caso siempre busco avanzar un poco más en ese sentido, pero me cuesta más volverme guionista que trabajar como novelista. Sin embargo, en mis novelas he utilizado mucho el mecanismo narrativo del cine. Eso está menos en la última, «Esta noche dime que me amas», donde la acción se concentra en menos personajes porque busqué profundizar en temas que hasta ahora había tratado en forma más superficial. Si las otras eran comedias juveniles, «Esta noche dime que me amas» es un thriller sentimental.
P.: Si bien en sus novelas hay aspectos de la comedia italiana, de gran influencia en la Argentina, lo central son conflictos sentimentales. ¿Por qué eligió contar historias románticas?
F.M.: Mis libros tienen aspectos de comedia que se relacionan con aquella tradición italiana, pero la vida por lo general no está del lado de lo divertido sino que oscila entre la comedia, el sueño y las dificultades. Me parece importante que un libro recuerde que se tiene que soñar, que ayude a soñar. No podemos vivir en función de lo que nos sucede o de las necesidades más elementales. Los sueños ayudan a cambiar. Se vaya a realizar o no siempre se tiene que tener el deseo de algo, no resignarse a una vida opaca. Y me di cuenta que la gente quería leer historias de amor que tuvieran que ver con ellos, y eso no existía. Muchas cosas han cambiado en la relación de pareja, pero los sentimientos siguen siendo los mismos. Yo quería mostrar que el amor es un imponderable, un imprevisto que nos sucede. Como digo en mi última novela: cada vez que conoces a alguien tu vida cambia, tanto si te gusta como si no.
P.: ¿Cómo surgen las ideas de sus novelas?
F.M.: Por lo común pueden salir de una escena de la vida diaria que me impresiona y, a partir de esa imagen, desarrollar una historia. Muchas veces mis novelas han surgido de las ganas de contar una historia. En la primera que escribí, «A tres metros sobre el cielo», traté de la desilusión de un primer amor, que era algo que me había tocado de cerca. En «Perdona si te llamo amor», de la relación de una chica de 17 años con un hombre de 37. En las cinco primeras traté temas juveniles, ahora creo haber pasado a otra etapa. «Esta noche dime que me quieres» es diferente a las anteriores, tiene un desarrollo más denso, más adulto. Hay personalidades muy enfrentadas. Por un lado está una mujer que tiene una carrera como pianista, que abandona para cuidar a su novio que ha quedado en silla de ruedas tras un accidente. Frente a ella aparece un treintañero rico, frívolo, calculador, que a pesar de todo lo que tiene no está contento. Hablo de la infelicidad, del sentido de la culpa, de la experiencia de aprender a amarse a uno mismo, de saber perdonar y perdonarse. Es un libro que invita a la reflexión. Que muestra que nos hemos acostumbrado a vivir con demasiado y podemos ser felices con muchísimo menos.
P.: En sus novelas se habla de música que gusta a los jóvenes, en su sitio de Internet se puede escuchar la que corresponde a «Esta noche dime que me amas», y además abre un concurso que lleva al ganador a recorrer Roma, que es el gran escenario de sus novelas, y en algún sentido una guía de conocer lugares.
F.M.: Si en mis novelas anteriores había música pop o rock, en la última hay música clásica, que es la que corresponde a la protagonista, una pianista. Al final de la novela señalo las obras de Bach, Beethoven, Chopin, Lizt, Mozart, Pachelbel, Prokofiev y Rachmaninov, que tocaban la protagonista y sus alumnos. La idea de un premio que lleve a conocer escenarios de mis novelas es una idea de la editorial que me publica en español. Da la posibilidad de que dos personas recorran Roma y vean que no engaño a los lectores, que pueden tomar un café en San Eustacchio, comer un tiramisú en Pompi, ir a ver los candados de amor que muchas parejas prendieron en el Ponte Silvio, descubrir los graffiti que conté en «A tres metros sobre el cielo».
P.: ¿Qué autores le gustan?
F.M.: ¿Entre los italianos de hoy? Nicolo Ammaniti, Alessandro Baricco, el gran Andrea Camilleri, que fue descubierto cuando ya estaba en edad de dejar de escribir. Pero son muchos los escritores que me gustan por distintas cosas, de Maupassant a Kerouac, de Scott Fitzgerald a Moravia, de Conrad a Mary McCarthy.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
F.M.: Una nueva historia de jóvenes, densa pero divertida. Es la historia de amor entre un italiano y una mujer extranjera. Tienen idiomas y culturas diferentes. Me divierte pensar cómo puede avanzar realmente una historia así.
Entrevista de Máximo Soto


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