30 de septiembre 2016 - 00:00

Mensaje: se evitó una crisis como la del ‘89

El Gobierno Mauricio Macri no olvidará la primera visita oficial de Alejandro Werner al país. El director gerente del FMI trajo un mensaje que en parte tranquilizó y en parte llenó los espíritus oficialistas de reconocimiento por parte del visitante. El mexicano de origen argentino desplegó en Buenos Aires una tesis alarmante que, por otro lado, nunca expuso en ninguna reunión que haya mantenido hasta diciembre del año pasado con los funcionarios del Gobierno anterior. Según Werner, si Argentina no cambiaba el rumbo económico de manera drástica y rápida, este mismo año podría haber chocado nuevamente contra una crisis terminal, similar a la de 1989. El visitante, en varias las múltiples reuniones que mantuvo en menos de 24 horas de circulación por el centro de la Ciudad, habló sin eufemismos sobre el "cóctel explosivo" cruzado entre déficit fiscal, inflación al borde del descontrol, cierre de la economía, nivel de consumo interno insostenible y artificialmente elevado, inversión en niveles mínimos y en caída, restricciones cambiarias y la imposibilidad de acceder a los mercados financieros. Según el visitante, si el sucesor de Cristina de Kirchner (cualquiera haya sido) no torcía el rumbo, el país iba rumbo "a un iceberg".

El mensaje fue expuesto sin vueltas ni metáforas, pero con cierto buen humor y hasta un dejo de tranquilidad. Pero con advertencias. Lo que quedó en claro a los anfitriones varios es que, al menos en esta oportunidad de revisión del "Artículo IV", el FMI será bastante indulgente y le dará al Gobierno de Macri aire contra las críticas. Especialmente en cuanto al déficit fiscal y al retraso cambiario que, considera Werner, debe solucionarse. Y de manera drástica no más allá de 2018.

Anabólicos

"Perdón que use corbata. Soy un ortodoxo conservador, como se habrán dado cuenta...". Werner usó la broma para bajar tensiones ante alguno de sus interlocutores oficiales que lo recibía con cierta inquietud por lo que pudiera decir de los números locales. Lo recibían con el "look" semioficial de Cambiemos. Saco entallado de corte moderno, pantalón ajustado, zapatillas urbanas, camisa lisa sin corbata. En la reunión Werner desplegó una tesis que luego repetiría ante la prensa: la de "los pesos y el consumo interno inflados con anabólicos". El mexicano pensó la metáfora al recordar un pasaje de la segunda parte de la película Wall Street (el regreso triunfal de Gordon Gekko), donde el personaje que interpretaba Michael Douglas explicaba el porqué de la crisis de 2008, a partir de la utilización de "dólares nominales pero inflados con anabólicos que al bajar de peso hicieron que se perdieran millones de dólares, arrastrando al mercado financiero internacional tal como lo conocíamos". La metáfora del visitante se basa en que, según su visión, la Argentina vivía un clima similar al de antes de 2008, pero con un mercado interno inflado artificialmente por un déficit fiscal abultado y una economía cerrada. Se reflexionó luego sobre una gran diferencia entre ambos ejemplos: en Nueva York estalló la crisis, mientras que en la Argentina el Gobierno anterior dejó el poder, al parecer, sin vestigios de crisis inminentes; al menos para gran parte de la población. Para Werner, esa salvedad debería haberse cubierto sólo con la memoria de las crisis anteriores que vivió el país. Y relacionó el peligro que veía en la economía del fines del kirchnerismo con el final del Gobierno de Raúl Alfonsín. Bendijo los intentos del macrismo de buscar inversiones genuinas a nivel internacional, y opinó que el gobierno no debe desesperarse si no llegan de manera inmediata.

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