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Merello reencarna en Nacha Guevara
Nacha Guevara protagoniza y dirige un recorrido musical por la biografía de Tita Merello en el que es fácil advertir la identificación que despierta en ella la recordada intérprete de «Arrabalera».
En este sobrio recorrido musical por la vida de Tita Merello es fácil advertir la fuerte identificación que despierta en Nacha Guevara la recordada intérprete de «Arrabalera». No sólo por la manera de «actuar» cada tango -muchas veces, entre el reci-tado y la canción- sino también por compartir ambas un estilo recio y tempey una merecida fama de mujeres batalladoras.
Pese a su gran profesionalidad las dos fueron muy criticadas (sobre todo por su irreverencia y mal carácter), sufrieron persecución política y tal vez sin quererlo alimentaron su propia leyenda.
«Tita. Una Vida en Tiempo de Tango» no es más que eso, un recorte en la frondosa biografía de la Merello. La historia arranca en los años 20', su época de juventud, cuando acosada por la miseria logró vencer su analfabetismo para iniciarse en el medio artístico, primero como corista y vedette, más tarde como cancionista y actriz. Luego vendrá la fama y sus grandes éxitos en teatro, cine y televisión. El exilio y sus idas y vueltas con la profesión, hasta poco antes de su muerte, en 2002, a los 98 años.
No son datos que el público desconozca. Pero, en realidad, lo que le quita fuerza al espectáculo es la falta de un buen guión y de una estructura dramática que permita construir situaciones, no meras estampas ilustrativas. En lugar de desarrollar un determinado conflicto (y hay varios circulando por allí) se recurre a diálogos esquemáticos y cargados de lugares comunes. Todo esto contribuye a alimentar este popular estereotipo de mujer independiente, muy malhablada, de respuestas filosas y con un corazón enorme.
A manera de friso circulan por la escena Enrique Santos Discépolo, los directores de cine Luis Saslavsky y Lucas Demare además del gran amor de su vida, el actor Luis Sandrini. Entre escena y escena se escucha la voz en off de Tita con sus sentencias y recuerdos, sin opacar por ello la labor de Nacha, quien se adueña del personaje con gran soltura y hace suyos temas tan merellianos como «Se dice de mí» y «La Pipistrela». Pero a falta de alguien que la dirija, su labor como actriz sólo cobra vuelo cuando entona temas tan desgarradores como «Desencanto» y «De qué podemos hablar».
La orquesta, dirigida por Alberto Favero, suena acariciadora en cada tema y aunque las coreografías de tango resultan algo básicas, no desmerecen el espectáculo.
Pese a las objeciones señaladas «Tita. Una Vida.» es un espectáculo de calidad, que deleita musicalmente y cuenta con un diseño de arte de enorme sugestión. La inclusión de material fílmico de «La fuga», «Mercado de Abasto» y «Filomena Marturano» es un buen aporte que no compite con la acción teatral.


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