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Meryl Streep cumplió ayer 60 años
A contrapelo de la discriminación que dicen sufrir las actrices de más de 40 en Hollywood, a la actriz más nominada al Oscar de la historia le llueven ofertas.
El reconocimiento al trabajo de Streep fue incluso mayor en los Globos de Oro que concede anualmente la asociación de la prensa extranjera en Hollywood: 23 nominaciones, de las cuales ganó seis.
Tras las apabullantes estadísticas están sus actuaciones en títulos famosos como «Manhattan» (1979) de Woody Allen, «Africa mía» (1985) donde hizo de pareja de Robert Redford, o «Los puentes de Madison» (1995) junto a Clint Eastwood, y papeles más modernos como «Las horas», «El ladrón de orquídeas» (ambas de 2002) y «El diablo viste a la moda» (2006).
En 2008, Streep mostró en el musical con música de Abba, «Mamma Mia!», sus dotes para el baile y el canto combinados con la comedia, un género que tocó en varias ocasiones («El difícil arte de amar», 1986, o «La muerte le sienta bien», 1992).
Lo que vuelve única a Streep es, según los críticos, su increíble capacidad de transformación. Suele interpretar a mujeres fuertes, originales y sensibles. Pero también convence en los papeles más cómicos. «Me gusta la variedad», dijo alguna vez. «Para mí es como una buena comida: se necesita un pedazo de carne, pero también verduras, fideos y postre». Sus colegas la reconocen por su profesionalismo, su voluntad de trabajo y su perfeccionismo sin igual. Logró sorprender a las vestuaristas de «El diablo...» por sus conocimientos de moda. Para «Música del corazón» tomó clases de violín. Y para «La elección de Sophie» aprendió polaco para poder imitar lo mejor posible el acento de las sobrevivientes de los campos de concentración.
Será por eso que, a contrapelo de la discriminación que dicen sufrir las actrices de más de 40 en Hollywood, Meryl Streep no para de trabajar. Es que su presencia en un film no sólo da prestigio sino también es negocio seguro; sin ir más lejos, «Mamma Mia», recaudó en todo el mundo 600 millones de dólares. Este verano boreal estrenará «Julie & Julia», una película con la que, según primeras estimaciones de especialistas, podría volver a aspirar al Oscar que le es esquivo desde hace casi 20 años.
Streep mantiene un estricto celo sobre su vida privada. En 1978 murió quien en ese entonces era su novio, John Cazale, a los 42 años debido a cáncer de huesos. Ella lo cuidó hasta su muerte. El escultor Don Gummer, con el que está casada desde hace más de 30 años y tiene cuatro hijos (entre ellos, la actriz Mamie Gummer, con la que compartió elenco en «Pasión al atardecer», de Lajos Koltai en 2007), la ayudó a superar la pérdida. «No sé qué haría sin mi esposo», dice. «Estaría muerta de no haberlo encontrado, al menos emocionalmente». Se mudó con su familia a Connecticut, en la costa este de Estados Unidos, la vereda de enfrente de la industria cinematográfica. «Viví cinco años en Los Angeles y me volví loca. Tenía que lavarme el pelo para llevar a mis hijos a la escuela», confesó en una entrevista.
Su largo matrimonio no es la única particularidad que convierte a Streep en un «bicho raro» en Hollywood. Dueña de una piel envidiable y un físico proporcionado que no busca robarle años al paso del tiempo, no sucumbió a la tentación de aumentar sus labios con colágeno o transformar su rostro en una máscara tirante de botox. Así como en 1992, se burló de la obsesión por las cirugías estéticas en «La muerte le sienta bien», junto a Goldie Hawn (quien sucumbió a ellas en la vida real), cada vez que puede, denuncia lo que llama «el síndrome Victoria's Secret» de las jóvenes actrices de Hollywood, obligadas a lucir siempre delgadas y bellas.
Agencias EFE y DPA

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