31 de mayo 2017 - 22:34

México: ¿oportunidad o amenaza?

En las últimas semanas se publicaron numerosos artículos acerca del desembarco en nuestro país de empresarios mexicanos ávidos por comprar productos agroalimentarios. Estados Unidos es el principal proveedor de alimentos para los 121 millones de habitantes en México. El arribo de Trump a la Casa Blanca ha tensado las relaciones comerciales entre ambas economías, y de allí el renovado interés de México por encontrar nuevos mercados, tanto para comprar como para vender. Vale la pena detenerse en cuáles son los sectores que se busca potenciar en este posible mayor intercambio para evaluar si aquello que se presenta como un abanico de oportunidades no constituye en realidad una amenaza para el tejido productivo local, a cambio de muy poco.

Las negociaciones entre los gobiernos argentino y mexicano y las propuestas comerciales, hasta el momento, apuntan a incrementar las exportaciones argentinas del sector primario y de alimentos, con particular interés en productos como trigo, maíz, soja y carne -es decir, nuestra producción de la cadena agroalimentaria con menor valor agregado. En el mejor de los casos, las negociaciones se amplían al rubro frutihortícola, representado por las manzanas (que podría tener impacto en la golpeada economía del Alto Valle de Río Negro), así como a carne aviar y vinos.

Ahora bien, toda negociación es de doble vía. Y al colocar sobre la mesa las oportunidades para México, se observan las potenciales amenazas para el tejido industrial doméstico.

Por un lado, cerca de la mitad de nuestras importaciones desde México pertenecen al complejo automotor, incluyendo tanto vehículos como partes. La industria automotriz mexicana exporta 2,1 millones de unidades por año a EE.UU., un número considerable frente a la producción argentina que rondó el año pasado 470.000 vehículos. La amenaza es clara en el marco de un importante proceso de apertura importadora que se observa en el sector: en el primer cuatrimestre de 2017 los automóviles importados alcanzaron el 70% de participación en el mercado doméstico (20 p.p. por encima de la cifra de 2015). La amenaza se extiende al entramado industrial autopartista, de gran relevancia en la industria mexicana, que ya tiene presencia en nuestro país en varias líneas de productos, algunas con importante producción nacional, como cajas de cambio, carrocerías y ópticas, entre otras.

Por otro lado, en el sector de química de consumo (higiene personal y limpieza) también existen importantes desafíos, siendo México un importante productor de este tipo de bienes de consumo masivo. Dentro de ellos se destacan los productos capilares, cuya exportación ascendió a casi u$s700 millones en 2016, 41% destinado a EE.UU. y 16% a Argentina (segundo mercado en importancia). En nuestro país existen varias empresas de productos capilares, muchas de ellas pymes nacionales, que se verían perjudicadas ante una sobreoferta de origen importado.

Asimismo, en el sector de línea blanca (electrodomésticos), la industria mexicana muestra una importante capacidad de penetración actual y futura. A modo de ejemplo, el ingreso de heladeras creció fuertemente en los últimos 16 meses y la participación de México como origen también: este origen pasó del 20% del total de heladeras importadas en 2016 a más del 40% en el primer cuatrimestre de 2017.

De la misma manera, existen otros sectores como siderurgia, metalmecánica o calzado, en los cuales la industria mexicana posee un considerable nivel de producción aunque no tenga, todavía, una relevante presencia en el mercado argentino.

En definitiva, el análisis de la ampliación de la relación comercial con la economía mexicana debe hacerse de forma integral. Una negociación en cual Argentina exporta productos agroalimentarios (y por el momento, simplemente granos) y, en contrapartida, recibe bienes manufacturados se asemeja bastante a la relación con las potencias industriales de principios del siglo XX. Y, por sobre todas las cosas, dista mucho de ser la inserción en el mundo necesaria para profundizar un proceso de desarrollo integral e inclusivo para la economía argentina.

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