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“Mi reto es ser verdadero y no meramente verosímil”
Binet: «El nazismo tiene algo fascinante por su inexplicable cantidad de monstruosidades en doce años. La Segunda Guerra Mundial es la condensación de lo más horrible, trágico, imposible y heroico».
Laurent Binet, profesor de Literatura en la Universidad de París III, alcanzó fama internacional al conquistar el Premio Gouncourt con su novela histórico-experimental sobre el atentado realizado en 1942 al número dos de la Gestapo titulada «HHhH», acrónimo de «Himmlers Hirn heisst Heydrich» («El cerebro de Himmler se llama Heydrich») publicada por Seix Barral. Binet estuvo en Buenos Aires, y dialogamos con él sobre sus obras.
Periodista: Su primer libro tuvo características surrealistas y tenía mucho de ficción, y de ahí pasó a cuestionar el uso de la ficción en la novela histórica, en «HHhH», sobre un atentando a un jefe nazi en la Segunda Guerra Mundial.
Laurent Binet: En el primer caso es una invención, una imitación de la realidad a partir de material autobiográfico. En «HHhH», en «El cerebro de Himmler se llama Heyndrich», busqué transcribir una historia real.
P.: En sus libros, desde los nombrados al más reciente, «Rien ne se passe comme prévu» («Nada sale como está previsto»), donde sigue la campaña presidencial de François Hollande para escribir un diario íntimo de los sucedido, muestra su interés para trabajar a partir de lo histórico, de lo real.
L.B.: Lo que me interesa es la relación entre realidad y ficción, y no los relatos donde la ficción es una pálida imitación de la realidad, que es lo que yo llamo «realismo». Uno de los problemas de la literatura francesa últimamente es que el ochenta por ciento es producción estilo Balzac, realista, psicologísta. Para muchos de esos autores, la realidad no existe en el momento de narrar, todo es ficción. Y como con la ficción podemos hacer lo que tengamos ganas, cuando enfrentan un hecho histórico es un problema. Usan el modelo de Dumas, que tomaba algunos datos de un hecho histórico y, en vez de investigar, rellenaba lo que no sabía o no le servía para la acción con ficción. Era novela pero no novela histórica, ni Historia. Y. para mí. la historia real ofrece una plusvalía. En mi novela, que me llevó 10 años, frente a la literatura me puse del lado de la Historia, fue una lucha permanente para no caer en la novelización, sustituir hechos reales que no conozco por otros que puedo imaginar, y me servirían para seguir adelante.
P.: Así asumió el desafío de contar la historia del atentado a Reinhard Heydrich, «El carnicero de Praga», el número dos de las SS, comandadas por Himmler, líder de la Gestapo y artífice de la «Solución final».
L.B.: En Francia una de las cosas que reiteraron es que muestra cómo la realidad supera a la ficción. Me parece extraordinario.
P.: ¿Cómo llegó a la historia de la «Operación Antropoide» planeada en Inglaterra para asesinar en Praga a Heyndrich?
L.B.: Por azar, como pasa casi siempre. Fui a hacer el servicio militar en Eslovaquia. Estuve en una de las últimas camadas que fueron allá. Nadie quería ir, yo tampoco, pero de no haber ido, no hubiera podido escribir «HHhH». Mi padre, que es profesor de Historia, me había contado algunas cosas de Eslovaquia, pero yo, más allá del nombre de algunos jugadores de fútbol, no sabía nada. Allá me interesé por lo ocurrido en la Segunda Guerra.
P.: Así sabe de los dos paracaidistas, uno eslovaco y el otro checo, que van a cumplir la operación, minuciosamente planeada, de matar al orquestador del Holocausto.
L.B.: Lo primero que supe es cómo se le traba la ametralladora al eslovaco y Heydrich ni siquiera es herido. Entonces el checo le arroja una granada, ahí Heydrich es herido, pero sigue vivo. Morirá días después por una septicemia. Los paracaidistas se refugian en una iglesia, y los alemanes llaman a los bomberos para ahogarlos. Me parecieron detalles extraordinarios, fui a ver la cripta donde se escondieron y mantiene las huellas de aquel combate. Después de eso, quise saber más.
P.: ¿Qué le ocurre cuando descubre que el atentado era contra un burócrata nazi que en realidad era la encarnación del Mal?
L.B.: No siento fascinación por el Mal, pero desde una perspectiva literaria Heydrich es un personaje interesante. Además de funcionario era violinista y esgrimista. Al trabajar durante años sobre su historia, llegué a estar obsesionado con él. Me sorprendió con qué rigor gustaba del arte y a la vez planeara la matanza de judíos.
P.: ¿A qué se debe el que en los últimos años haya crecido, por parte de escritores europeos, el interés de revisar el nazismo?
L.B.: Si bien no hay que exagerar, hay un aumento de la extrema derecha en Europa. Pareciera que se han olvidado dramas históricos. En Hungría, por dar un caso, ha crecido una extrema derecha antisemita. Allí descubrí que tenía ancestros judíos, y me sentí desamparado. Me preguntaba en qué época estaba viviendo. No digo que el peligro sea inminente, pero considero que debemos estar atentos. En ese sentido lo ocurrido en la Segunda Guerra ofrece ejemplos de sobra sobre los límites a los que puede llegar la condición humana, está allí lo pensado, lo por pensar y lo impensable.
P.: ¿Qué fue lo que le importó mostrar del nazismo en «HHhH»?
L.B.: Mi libro no es sobre el nazismo sino sobre un acto de resistencia puntual. Heyndrich es atacado por dos partisanos no por ser el Protector de Bohemia y Moravia designado por Hitler, sino porque es el número dos de la Gestapo. Al comienzo me importa eso, pero al investigar, descubro que estuvo en «La Noche de los Cuchillos», «La Noche de los Cristales», siempre atrás, siempre como organizador, como personaje clave, aun en «La Solución Final». Seguirlo fue seguir la carrera del Tercer Reich. Y el nazismo tiene algo fascinante por su inexplicable condensación de monstruosidades en 12 años. La Segunda Guerra Mundial es la condensación de lo más horrible, trágico, imposible y heroico.
P.: ¿Con todos esos elementos no tuvo la tentación de escribir un thriller hollywoodense?
L.B.: Hubiera sido una traición a la Historia y a los protagonistas del hecho. Quería ponerme a escribir sobre la historia, y no servirme de la historia. Es por eso que en mi libro cuento, a la vez, los problemas que tengo para no caer en manipular los hechos. Es un acuerdo que hago con el lector. Le propongo ver la película, el documental de los hechos, y a la vez el making off, le ofrezco un diario de los problemas que enfrento para ser verdadero y no meramente verosímil. Un elemento clave de la novela actual es reflexionar sobre sí misma, pensar lo que ofrece y lo que pretende.
P.: ¿Cómo fue que decidió seguir la campaña presidencial del hoy presidente Hollande para escribir el libro «Nada sale como está previsto»?
L.B.: La idea me surgió viendo la serie estadounidense «The West Wing», que cuenta lo que ocurre en el ala Oeste de la Casa Blanca, la vida diaria del presidente de los Estados Unidos. Yo quería ver también qué pasaba entre bambalinas. Y había justo este año una campaña electoral. Pedí una entrevista con Hollande, y le pedí seguir junto a él su campaña sin hacer nada, sólo tomando material para un libro. Mi motivación real era seguirlo, acaso como Yasmina Reza lo hizo con Sarkozy. En mi caso no es un libro político, es un libro sobre política.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
L.B.: Una novela que trata también el conflicto entre ficción y realidad, pero esta vez del lado de la ficción. Trataré de ver hasta dónde se puede torcer la realidad en un libro de ficción. Como Tarantino que en «Bastardos sin gloria» va mutando la historia cada vez más hasta que mata a Hitler en un cine francés en 1943. Es totalmente fantasioso, pero es como en mis libros una discusión sobre la relación de realidad y ficción. Esta vez no será sobre el nazismo sino sobre los años ochenta. Me parece que una vez más voy a estar presente, que la voz del autor va a aparecer reflexionando sobre la Historia.
Entrevista de Máximo Soto

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